“¿Qué dinero ni qué alforja?”

Nuestro país, nuestro “México lindo y querido”,  está siendo azotado por una tormenta política y económica y el presidente Enrique Peña Nieto, al timón, no sabe qué rumbo tomar. A un lado tiene a Caribdis, y al otro a Escila. No puede evitar un peligro sin caer en otro. Pero eso sí: lo vemos cotidianamente en la televisión tratando de explicarnos lo inexplicable, con su copete muy bien peinado pues las rachas huracanadas no lo despeinan.

No podemos decir que a Peña las crisis le hacen lo que el viento a Juárez. No, el actual presidente de México, el más impopular ( sólo 12%  de aceptación) desde que se sonde en ese renglón la opinión de los gobernados (hace unos 30 años), cada vez se desgasta más y parece que con su figura, fingidamente impertérrita, su partido, el PRI, se hunde cada vez más, y que solamente un milagro o la impredecibilidad del electorado mexicano que es capaz de llevar al poder a un candidato sólo  por ser guapo,  mantenga al PRI en el poder.

Y, mañana, con la toma de posesión de Donald Trump, la tormenta política y económica se convertirá en huracán.

¿Qué hacer?

Reconocer que se ha gobernado irresponsablemente, y que dicha irresponsabilidad es antipatriótica. Permitir que los miembros del gabinete, ministros de la corte, consejeros del INE y etcétera; diputados, senadores, gobernadores, legisladores locales, alcaldes y regidores, sangren a la nación como sanguijuelas, es ser un político metafóricamente huérfano,  es simplemente, señor Peña Nieto, matar a la gallina de los huevos de oro, para escribir en el estilo que usted entiende.

México necesita renovarse: dejar de ser una nación de corruptos para dar paso a una nación en donde la moral no sólo sea un árbol que da moras, como decía el  inefable Gonzalo N. Santos, sino el Zócalo donde descanse la columna del patriotismo.

Dejar atrás el surrealismo político (hace unas semanas escribíamos, aquí sobre André Bretón) para llegar a un realismo que haga posible el equilibrio social y el progreso económico.

Y qué mejor muestra del surrealismo que no podemos abandonar que lo siguiente: en plena crisis total, el alcalde de Acapulco y su cabildo de sanguijueleros enviaron a la Feria Turística de España a un síndico y nueve regidores a pasearse, mientras Acapulco, como el resto del país, se debate en una crisis económica a la que no se le ve fin.

Pero lo que hace la cabeza hace la cola. Peña Nieto es un timonel confuso, que teme a Caribdis como le teme a Escila. Y la cola, en este caso Evodio Velázquez, de un mimetismo ridículo, hace lo mismo: llenar las talegas con la pobreza del pueblo, para decir con el cinismo que es el espíritu de la corrupción: “¿Qué dinero ni qué alforja? ¿Qué pretensión ni qué alforja?”