Corrupción sistémica

La inseguridad pública, así como los recientes asesinatos de periodistas se deben a la creciente corrupción generalizada que nos coloca en el umbral de la ingobernabilidad. Si no se diera una relación de los cuerpos policíacos con el crimen organizado no se hubiera llegado a estos extremos. De la sociedad obscena al estado fallido hay un solo paso. Este se dio en 1997 cuando algunos militares, entre ellos el general José de Jesús Gutiérrez Rebollo, protegieron las actividades del narcotraficante Amado Carrillo Fuentes. Gutiérrez murió de cáncer cerebral en el Hospital Militar Central de la Ciudad de México el 19 de diciembre de 2013, mientras cumplía su condena de 40 años.

En las policías municipales y estatales se encuentra el origen del fortalecimiento del crimen organizado. El narcotráfico es un monstruo ya incontrolable y el doctor Frankeintein, que lo creó fue la corrupción sistémica. Tratar de ocultarlo sería tapar el sol con un dedo.

Las Fuerzas Armadas, como institución, se han renovado moralmente. Fue el mismo ejército quien entregó al general Gutiérrez Rebollo para ser juzgado, y en la actualidad, las secretarías de la Defensa Nacional y Marina Armada de México están haciendo todo lo posible para recuperar la paz social y la seguridad pública, combatiendo al crimen organizado, mientras la Gendarmería federal hace labores preventiva en las zonas más peligrosas del país.

Lamentablemente, en las policías municipales y estatales la corrupción impera. Como muestra fue el desarme de la policía preventiva de Zihuatanejo, bajo las sospechas de que está controlada por los grupos delincuenciales que operan en la región.

Seguramente que en la reunión de la Conferencia Nacional de Gobernadores a la que convocó el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, los mandatarios estatales se comprometerán a hacer de las policías locales, cada una bajo un mando único, instituciones confiables y eficaces. Este sería el primer paso para recuperar la seguridad.

Como periodista, me sumo a la protesta por los asesinatos de Javier Valdez, fundador del semanario “Ríodoce” y corresponsal de “La Jornada” en Sinaloa; de Jonathan Rodríguez, trabajador del semanario “El Costeño de Autlán”, de Jalisco; de la retención por parte de un grupo de delincuentes de siete periodistas guerrerenses, por los asesinatos de Cecilio Pineda, periodista guerrerense; Ricardo Monlui, Miroslava Breach, Máximo Rodríguez y Filiberto Álvarez, acaecidos en los primeros cinco meses del año.

Pero repito, las muertes de los periodistas y el secuestro de los colegas en la Tierra Caliente, no se hubieran sucedido sin la corrupción sistémica.

Es urgente una renovación moral.

México y los mexicanos la merecemos.