¿Quién entiende a AMLO?

El IFE, hoy INE, desde que es autónomo, entrega a los partidos políticos las prerrogativas de ley, privilegio o gracia de muchos millones de pesos para que los candidatos no tengan que buscar financiamiento cuyo origen, la mayoría de las veces, carece de luz y claridad.

Pero en la práctica, las prerrogativas no son suficientes, y los partidos y sus candidatos sobrepasan por mucho los límites de campaña sin que la autoridad electoral pueda comprobarle tales excesos.

En las elecciones presidenciales del año 2000, el PRI, por disposición o vulgar <<dedazo>> del entonces presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, postuló al sinaloense Francisco Labastida Ochoa, un candidato débil por su poco carisma, mientras el PAN tuvo como abanderado al locuaz pero carismático Vicente Fox Quesada, y se intuía cómo el <<primer mandatario>> veía con agrado la posibilidad de una alternancia en el poder.

Zedillo obstaculizaba la campaña de Labastida, y llegó al extremo de la moderación a la hora de la entrega subrepticia de dinero del erario para los gastos de operación de la candidatura.

Condenó a la derrota al PRI, partido al que de hecho nunca perteneció, y si fue presidente se debió a la trágica muerte de Luis Donaldo Colosio.

<<La sana distancia>> entre la presidencia de la República y el PRI, decretada de manera sucinta por Zedillo, fue en la práctica el preámbulo de la derrota de Labastida.

Mientras tanto, el candidato panista, Vicente Fox Quesada, por medio de Lino Korrodi, coordinador de su campaña y cabeza de la asociación civil <<Amigos de Fox>>, recibía fuertes cantidades de los empresarios que asumían como patriotismo y obligatoriedad el <<sacar al PRI de los Pinos>>.

Todos sabemos qué pasó después: Fox no respondió a las expectativas del electorado y fue un mandatario que hizo poco por la real democratización del país, la <<pareja presidencial>>, con ribetes de monarquía, fue una burla para una ciudadanía ávida de justicia social, y lo que es peor, sus hijastros se enriquecieron vendiendo contratos, sobre todo en el ámbito de PEMEX.

Prometió un crecimiento de 7 % anual, y sólo se llegó al 1 %. Su mayor logro fue la estabilidad cambiaria del peso y la contención de la inflación, mérito del blindaje económico que instrumentó su antecesor y benefactor político, Ernesto Zedillo Ponce de León, sin duda alguna, uno de los mejores economistas mexicanos de finales del siglo pasado.

Y quién sabe qué le prometió Fox a Korrodi que no le cumplió, y hubo un distanciamiento en el que esplendieron los epítetos.

Don Lino se fue al ostracismo, que en México no sobrepasa los seis años, y ahora vuelve a la escena pública con más bríos para beneficiar económicamente al aún no oficial candidato presidencial de Morena, Andrés Manuel López Obrador.

Korrodi será quien recolecte el dinero de los empresarios e industriales que simpaticen con la candidatura de AMLO, algo así como <<Amigos de López Obrador>>. Ya firmó frente Andrés Manuel el Acuerdo de Unidad por la Prosperidad y Renacimiento de México. Cosas veredes Mío Cid.

Y Andrés Manuel, tan pragmático que es, tanto o más que C.S. Pierce y W. James, fundadores del pragmatismo en el siglo 19, le da la preferencia a lo práctico y útil sobre su vaga e imprecisa ideología.

¿Quién entiende a AMLO?