
Hoja verde
¿Es un sueño imposible?
Los trágicos sismos de septiembre, hundieron a los destinos turísticos guerrerenses en una crisis que esperemos no sea muy prolongada; especialmente a Acapulco, que depende de los visitantes que provienen, en sus mayoría, del altiplano, zona del país cercana al epicentro del terremoto del día 19 del mes arriba mencionado, por lo cual las pérdidas humanas y los daños materiales fueron cuantiosos, una tragedia que enlutó al país y que costará miles de millones de pesos y que medirá, desgraciadamente, los altos niveles de corrupción que agobian al Estado Mexicano, y que repercutirán, sin duda alguna, en el resultado de las elecciones del próximo año, incluyendo, claro está los comicios en los que se elegirá al sucesor (o sucesora, para no ser tildado de machista) de Enrique Peña Nieto.
En los más recientes fines de semana, la ocupación hotelera de Acapulco fue muy pobre, tan raquítica, que no fue suficiente para cubrir los gastos de operación. Cierto es que septiembre y octubre, tradicionalmente, son meses de poca afluencia, pero no tanto como para observar con tristeza las playas y restaurantes ribereños prácticamente vacíos.
Lo anterior es preocupante, muy preocupante. Y más lo es el que los tres niveles de gobierno no estén al menos intentando un plan tripartito que haga el milagro de que en la próxima temporada de fin y principio de año el turismo llegue a registrar ocupaciones hoteleras cercanas al cien por ciento, lo que paliaría la crisis económica, de la que aún no tenemos conciencia de su dimensión, ocupados como estamos en dilucidar candidaturas de partido, alianzas, frentes y candidaturas ciudadanas.
Sobre el futurismo político, a lo que somos muy dados los mexicanos, tenemos que agregar la corta memoria del electorado. La memoria eidética, como se lo conoce científicamente a la memoria fotográfica, está lejos del alcance de la gran mayoría de los futuros sufragantes.
Si en México se recordara con precisión lo bueno y lo malo de los partidos y de los políticos, “otro gallo nos cantaría”. Pesaría más lo negativo que lo positivo en la balanza de las preferencias, pues las bondades sólo fueron promesas, y las maldades daños irreparables.
No habría cabida entre los aspirantes a la presidencia de la República de personajes como Margarita Zavala, esposa de Felipe Calderón, un pésimo presidente, fundador del prianismo y que le “declaró la guerra al narcotráfico”, a sabiendas que los “comandantes reales” del crimen organizado están en los llamados “poderes fácticos” que gestó un sistema político que debe ser reformado si queremos salir del marasmo del subdesarrollo.
No estaría en competencia Andrés Manuel López Obrador, hombre sin oficio y sin beneficio propietario único de un partido político. Ni Ricardo Anaya, político inédito en el ámbito gubernamental, ni los señores Meade y Osorio.
Lo ideal sería una competencia entre inteligencias, entre candidatos que hagan de la política una ciencia y de su espíritu una fuerza ardiente y llena de pasión que nos salve de la inmovilidad física y moral.
¿Es un sueño imposible?