El Diógenes del Tercer Milenio

A lo largo de los siglos, que en su suma forman milenios, el hombre se ha convertido en delincuente por muchos factores. La miseria y el hambre a la que conduce la pobreza extrema, entre estos.

Y en ese lapso, el hombre “de bien” se ha compadecido del hombre “de mal” cuando a este las circunstancias lo llevaron a la maldad.

Pero esa compasión secular no exime al delincuente de sus culpas.

En los últimos meses hemos leído en los medios las declaraciones del Secretario de Agricultura del Gobierno del Estado de Guerrero, Juan José Castro Justo, en donde se lamenta de que no han encontrado en el amplio mundo del cultivo de la tierra, algo que sustituya a la siembra y cosecha de la amapola y sea igual o más redituable para recomendarlo a los campesinos de la sierra, y estos dejen la maraña de la maldad y vuelvan al terreno llano del  bien.

Cuando don Juan José lo encuentre usando un haz de luz más potente y verosímil que la lámpara de Diógenes, gritará ¡eureka! y así, por arte de magia,  la siembra de la amapola desaparecerá de las montañas del sur, escasearán el opio y la heroína y los campesinos por la taumaturgia del bien dejarán de ser malos. ¿Cuáles delitos contra la salud? ¿Los asesinatos en el que participaron cuando el crimen organizado los reclutó para su ejército de la maldad, no cuentan por haber sido influencia de la miseria y el hambre?

La mayoría de los delincuentes del crimen organizado proceden de los más  ínfimos estatus de la sociedad: de la miseria extrema.

El “Chapo” Guzmán de allí viene. El hambre cuasi crónica que padeció de niño, no lo convirtió en un “malo forzado”. La maldad lo fue llevando con su beneplácito de la mano: robar un coche como entrenamiento, secuestrar a un semejante y cobrar el rescate aunque a la víctima “ya le dieron piso”. Luego de ser “halcón” se llega a ser sicario. De aquí a ser “capo” y multimillonario de las listas de “Forbes” como deslizándose en el hielo de la imaginación maligna.

Pero no, al “Chapo” no lo salvó de sus múltiples crímenes un Diógenes del Tercer Milenio, por más hambre que haya pasado en su niñez, está en una cárcel de alta seguridad en los Estados Unidos, en donde seguramente pasará el resto de sus días.

Los campesinos guerrerenses que siembran, cosechan y comercian con la goma de opio, son delincuentes, como lo son los que trafican con el producto.

Hay que combatirlos, sin compasión, los cientos o quizá miles de muertes que la siembra de la amapola ha generado en la Región Centro del Estado de Guerrero, obliga al gobierno a cumplir con sus obligaciones, y no a actuar como miembro de una congregación religiosa que perdona todo por mandarlo así el Poder Superior.