Da Leticia Lozano seguimiento a obras en Cacahuatepec
CHICAGO, Ill., 23 de septiembre de 2025.- En la sala de su casa, convertida en un museo y donde también se exhiben máscaras y esculturas, el coordinador de los Clubes Unidos Guerrerenses del Medio Oeste radicados en Estados Unidos, Erasmo Salgado Jiménez dijo que el arte y la cultura son el motor que ha mantenido en pie a la organización durante más de dos décadas.
Salgado Jiménez quién es un coleccionista de arte, compartió en entrevista con Quadratín Guerrero, cómo a pesar de las políticas públicas racistas en Estados Unidos, la identidad mexicana y la guerrerense persisten y se fortalecen en una ciudad cosmopolita, considerada santuario para los migrantes.
“En cada edición cultural nunca ha faltado una exposición pictórica, la poesía, la literatura, la música. También la gastronomía guerrerense, porque es parte de nosotros mismos. Eso nos da identidad y orgullo, aun cuando nos toque nadar contracorriente”, expresó con la voz pausada y la mirada puesta en las paredes tapizadas de colores y símbolos.
Quadratín Guerrero dio cobertura a los tres días de actividades del 22 encuentro cultural de los clubes guerrerenses y dio cuenta además, de cómo la política racista del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump mantiene en vilo a las comunidades latinas y particularmente con temor a las comunidades migrantes mexicanas.
El arte como raíz y motor
Más allá de lo visible, Erasmo Salgado afirmó que la organización se sostiene en lo intangible.
Historias, recuerdos y la convicción de pertenecer a un lugar de origen que nunca se abandona.
“Queremos dejar huella, igual que nuestros antepasados lo hicieron en pergaminos, tallados o esculturas. Nuestra obligación es plasmar lo más importante de lo que hacemos como organización”, aseguró.
Un cuadro en particular resume esa fuerza anticipatoria del arte.
Firmado por el artista chihuahuense Gabriel Villa en 2004, muestra magueyes que emergen sobre un campo de rosas y varias cabezas humanas.
Se pensó que se trataba de un homenaje a los 43 normalistas de Ayotzinapa, pero Salgado aclaró que no fue así.
“Los artistas se adelantan a su época, tienen esa sensibilidad para captar lo que todavía no ha pasado. Por eso, aunque esta pintura es de antes, la asociamos con esa tragedia, porque retrata la crudeza de la violencia en México”, explicó.
De generación en generación
Asimismo dijo que la identidad se renueva en la nueva migración y puso como ejemplo es Ubaldo Trujillo, un joven guerrerense que compuso un corrido dedicado a los 43.
“Lo plasmamos en nuestra revista conmemorativa y cuando él vio publicado su trabajo estaba feliz. Aunque dice que no le nace seguir escribiendo, yo lo animo porque refleja lo que sentimos como guerrerenses. Es muestra de que la identidad no se pierde en quienes siguen llegando”, relató.
Cada año los clubes editan una revista que combina el resultado de los proyectos comunitarios, de expresiones culturales e información académica especializada en la migración de los guerrerenses a Estados Unidos.
Al respecto, Salgado Jiménez dijo que es la manera de registrar lo que hacen y de dejar testimonio.
“Igual que los antepasados nos dejaron símbolos en piedra, nosotros queremos dejar escritos y obras”, dijo.
Entre desavenencias y convicción
La permanencia de la organización no ha estado exenta de dificultades.
“Hay clubes que se acercan con entusiasmo, quieren hacer un proyecto de infraestructura en su pueblo y si en dos o tres años no se concreta, se retiran desencantados”, reconoció.
A pesar de ello, recordó logros importantes como la electrificación en Pedro Ascencio de Alquisiras que benefició a 13 comunidades.
Los paisanos que viven en Texas llevaron energía eléctrica a barrios de la localidad Tetipac, ubicada al norte del municipio de Taxco.
También mencionó que han gestionado aulas escolares, clínicas y obras de agua potable en Guerrero.
“Esos proyectos nos sostienen”, enfatizó.
Una casa que es museo
Su casa en Chicago es también un testimonio de la memoria migrante.
En una habitación, Erasmo Salgado mostró un lienzo de gran formato donde se aprecia El Cristo migrante que emerge del agua con los brazos en alto.
La obra es de Héctor Duarte.
“El artista captura la crudeza y la belleza de lo que vivimos. Estas obras son testimonio de nuestra realidad como mexicanos”, señaló.
En otra sala se observan murales con figuras animales y decenas de máscaras de diablos de Chilapa junto con objetos artesanales y esculturas.
En el centro de la sala se pasea Basquiat, un gato blanco y negro nombrado en homenaje a Jean-Michel Basquiat, artista neoyorquino de origen haitiano y puertorriqueño, que destacó en los años ochenta por su producción vanguardista en neoexpresionismo, graffiti y pintura.
A este espacio, llegan también quienes han colaborado con la organización desde hace más de una década.
Entre botellas decoradas con motivos guerrerenses, lámparas de colores y fotografías familiares, las conversaciones se entretejen con la convicción de mantener vivo el legado cultural en el extranjero.
El temor en la ciudad santuario
El encuentro cultural de este año se hizo en medio de un ambiente marcado por la tensión migratoria en Chicago, considerada ciudad santuario.
Erasmo Salgado reconoció que entre los paisanos persiste el miedo a salir incluso para trabajar o comprar alimentos.
“Lo que la gente ve en redes sociales y en videos es lo que provoca pánico. Dicen que incluso a documentados se los llevan. Yo mismo, estando documentado, tengo temor. Muchos lo tenemos”, confesó.
Para no exponer a sus compañeros, solicitó información a las oficinas de Migración en Chicago.
“Quise saber qué estaba pasando. Los agentes me dijeron que sólo buscan a quienes tienen delitos federales, que la cantidad de deportados no es mayor que en otras administraciones. Pero aun así el miedo está ahí. Se te quedan viendo fijamente y eso impone”, relató.
Reconoció que fue la primera vez que enfrentó una cita de este tipo en más de 40 años de vida en Estados Unidos.
“Nunca me había tocado, y aunque me trataron bien, no me preguntaron si tenía documentos, el temor siempre está. Es una nueva experiencia que no quisiera repetir”, dijo.
Una organización que resiste
Ni la pandemia que debilitó la organización ni las amenazas constantes contra los migrantes han frenado la labor de los Clubes Unidos Guerrerenses del Medio Oeste.
“Lo que nos sostiene es la convicción de seguir adelante. El arte y la cultura son el motor que nos mantiene unidos en este país”, concluyó Erasmo Salgado, convencido de que la identidad guerrerense sobrevive en cada mural, cada corrido y cada historia compartida desde el exilio.