
El Plan México de la cuarta transformación
Las imágenes de la televisión, la tinta, los memes, todo ha corrido generosamente como un gran río caudaloso. La condena es prácticamente generalizada: la liberación del Chapito menor, de nombre griego, Ovidio Guzmán López, se debió a un operativo fallido y peor comunicado. Significa, sin duda, un golpe a la credibilidad y a la elevada popularidad del presidente Andrés Manuel López Obrador entre los mexicanos. Las noticias alrededor del mundo son igual de contundentes: el presidente AMLO liberó al hijo del Chapo.
1.- Resulta muy extraño, en un personaje como AMLO, acostumbrado hasta la necedad en cumplir su palabra, que luego de asegurar desde su campaña que habría abrazos y no balazos, y diálogo y más diálogo, de repente, en el día del festejo por el inicio de la construcción del Aeropuerto en la base aérea de Santa Lucía, decidiera ir a aprehender en Culiacán a un hijo de El Chapo. No existe lógica alguna, en una acción que retomó de manera nítida la guerra contra las drogas de Felipe Calderón, sin que existiera ninguna necesidad para hacerlo. La clave pudiera ser: Donald Trump.
2.- Días antes de esa tarde del jueves 17 de octubre que congeló al país en torno a la capital de Sinaloa, se dio a conocer que el presidente de México se comunicó telefónicamente con el de Estados Unidos. Como siempre, se dijo que se trató de una charla respetuosa y de compromiso por la amistad y el desarrollo de la relación entre ambos países. Pero en realidad no sabemos de qué hablaron. Los dos hijos de El Chapo que operan, lo que ha quedado de la organización de su padre, se ha confirmado ahora, tienen solicitudes de extradición por parte de Estados Unidos. Quizá Trump le pidió la captura, y le dio su ubicación, sabemos que anda desesperado por el juicio de destitución que pende sobre su cabeza, que ha nublado el inicio de su campaña de reelección y que está urgido de un golpe espectacular, y a cambio, pudiera ser, que AMLO le pidiera la extradición a nuestro país de Patrick Crusius, asesino de ocho mexicanos en El Paso, Texas, el pasado 3 de agosto.
3.- No se explica fácilmente porque López Obrador actuó de manera tan radicalmente contraria a todos sus planteamientos previos de arrojar a la basura de la historia la guerra de Calderón, en una acción además sumamente compleja y arriesgada.
4.- Sin ser experto en seguridad me parece que la causa de que haya fallado de manera tan estrepitosa la operación, se debió al extremo sigilo con que la intentaron llevar a cabo, al parecer incluso sin la participación del Ejército, circunscribiéndola principalmente a la Guardia Nacional, con apoyo de la Marina, por la idea, bastante documentada, de que sectores del Ejército han sido infiltrados, sin contar los muy seguros lazos de la Policía Estatal y Ministerial de Sinaloa y la Municipal de Culiacán con los delincuentes.
5.- La operación terminó por colapsar debido a la llegada inmediata de una cantidad enorme de pistoleros armados hasta los dientes, asociados del Cartel de Sinaloa, que superaron con creces en minutos al pequeño grupo encargado de la operación, con el fin de rescatar al detenido, por lo que no se descarta una filtración de último momento, que pudo haber provocado la demora de la orden de cateo que pretexta Alfonso Durazo, secretario federal de Seguridad Pública. El fracaso de la operación, que se supone debió haber sido quirúrgica y veloz en extremo, se debió, al parecer, a la mala planeación y la torpeza en la ejecución, sin que se pueda descartar la intervención de la mano negra producto de la coordinación que entre políticos (muchos de ellos desplazados por el nuevo régimen) y delincuentes ha existido en México desde hace mucho tiempo.
6.- La reacción en tiempo récord, coordinada y salvaje de los delincuentes, que sacaron a decenas de sus compañeros de la cárcel para sumarse al combate, sellaron todas las entradas de Culiacán y rodearon la unidad habitacional de los militares en la ciudad, pudo sin duda haber provocado una masacre de dimensiones extraordinarias de no haber sido por la liberación del hijo de El Chapo. El presidente de la República, sin reparar en el daño a su imagen, decidió abortar la fallida operación. Los cuerpos de supuesta élite de la seguridad del Estado mexicano, con su ineficiencia, lo llevaron a ser despiadadamente criticado y maltratado, y lo obligaron a dar la cara, lo que prefirió con tal de evitar que en estos momentos se estuviera lamentando que, después de varios días de combate, el joven Ovidio Guzmán está de camino extraditado a Estados Unidos y en Culiacán hay decenas de muertos y cientos de heridos, la mayoría de ellos civiles inocentes.
Asesino, sin ninguna duda, de no haberse abortado la operación le estarían gritando al presidente de la República esos mismos que ahora lo señalan por hacerlo. ¿Por qué se decidió capturar a un hijo de El Chapo? ¿Pero qué necesidad? decía Juan Gabriel.