Hoja verde
Aristóteles en su libro Ética a Nicómaco, reflexionó sobre la justicia. Un tema recurrente desde el pensamiento antiguo hasta nuestros días y que ha quedado claro, desde el principio, que se trata de la piedra angular de la armonía en una sociedad. En sus planteamientos argumentó sobre la importancia de su flexibilidad y, para explicarlo, utilizó una metáfora: pensar la justicia como la regla de Lesbos, al hacer alusión al artefacto que las arquitectas en la isla lésbica utilizaban para edificar sobre las piedras. Se trataba, pues, de un instrumento de albañilería que se adaptaba a las distintas formas del terreno; “lo que es indefinido sólo puede medirse con un estándar indefinido”, dijo. Es evidente que la regla no era rígida y, lo mismo recomendaba para resolver, en apego al principio de flexibilidad y adaptabilidad, los casos sujetos a juicio. Qué interesante.
Lo recordé porque hace unos días se instaló en Acapulco el Consejo de Paz y Justicia Cívica, una política pública emanada del gobierno federal y que convoca a los gobiernos locales a establecer un cambio de paradigma en la resolución de los conflictos que, en la cotidianidad surgen en la ciudadanía que convive en los espacios públicos, en el contexto de vecindad y en la interacción social de todos los días.
Esta política pública es una iniciativa innovadora que busca prevenir la violencia que, en muchas ocasiones, está relacionada con desavenencias comunes entre la ciudadanía en las que surgen criterios opuestos en las reglas del convivir. ¿Qué tipo de desavenencias? Bueno, ahí está una larga lista de conflictos: los vecinos que ponen música a altas horas de la noche mientras todos los demás descansan, quienes no depositan su basura en los espacios asignados, quienes no se hacen responsables de los desechos de sus mascotas que dejan en la vía pública, el vecino que estaciona su carro en la puerta del garaje de otro y un largo etcétera, muy largo.
Asimismo, es importante mencionar que esta política promueve que las sanciones estén orientadas a la retribución a favor de la comunidad, es decir, que los infractores tengan como multa acciones que mejoren los entornos comunes.
En efecto, la justicia cívica es una propuesta de atención inmediata de los conflictos entre la ciudadanía, con ella se pretende prevenir el delito, reducir la violencia y construir armonía y paz, fortalecer y fomentar la civilidad, el civismo, es decir, el respeto a las reglas de convivencia.
Pero más allá de estas bondades, creo que hay dos aspectos sobresalientes: la incorporación de la participación de la ciudadanía en la resolución de los conflictos y el paradigma de la flexibilidad y adaptabilidad a partir de las circunstancias que se presenten.Esta propuesta convoca a la ciudadanía a hacerse cargo de la justicia de manera directa y a aplicarla con un criterio social, centrado en la educación, en la formación de valores cívicos y en el fortalecimiento del tejido social. La regla de Lesbos.