¿Qué esperar del 27?
Las llamadas, los mensajes y las notificaciones no solo interrumpen la convivencia familiar; cuando el celular compite por la atención de los adultos, también puede afectar las oportunidades de interacción y aprendizaje de niñas y niños.
En casa, durante una comida o mientras juegan con sus hijos, muchos padres interrumpen lo que están haciendo para contestar una llamada, leer un mensaje o revisar una notificación. A veces son unos segundos, en otras, la consulta al celular se prolonga y la conversación, la convivencia familiar, queda en segundo plano.
Para el adulto pasa desapercibido, pero para el niñosignifica que la atención de mamá o papá ya no está en lo que compartían.Quizá estaba contando algo que le ocurrió en la escuela, haciendo una pregunta o mostrando un dibujo.
Mientras espera, el adulto sigue pendiente de la pantalla y la interacción pierde continuidad; el momento que compartían puede terminar sin que ninguno de los dos repare en lo que se interrumpió.Este fenómeno tiene un nombre: tecnoferencia.
¿Qué es la tecnoferencia y cómo afecta la convivencia?
La tecnoferencia ocurre cuando el uso de dispositivos tecnológicos interfiere en las interacciones personales. En la relación entre padres e hijos puede interrumpir conversaciones, restar atención a las actividades compartidas y dificultar la comunicación cara a cara.
De acuerdo con la Asociación Educar para el Desarrollo Humano, de Argentina, esta interferencia puede afectar la calidad de la atención y la interacción entre adultos y niños.
El problema no es contestar una llamada importante o consultar el teléfono. La dificultad aparece cuando las interrupciones se vuelven frecuentes y revisar la pantalla se convierte en un hábito que desplaza repetidamente la convivencia.
Un estudio atribuido a las Universidades de Illinois y Michigan señala que nueve de cada diez padres utilizan sus celulares frente a sus hijos durante momentos de convivencia. El dato dimensiona la presencia de estos dispositivos en la vida familiar y la necesidad de observar cómo se utilizan en esos espacios.
Cuando un adulto desvía constantemente su atención hacia el teléfono, el niño puede experimentar frustración o sentir que no está siendo escuchado. Si esto se repite, puede dificultar que las interacciones familiares mantengan la atención y la participación de ambos.
El lenguaje también necesita conversación
Durante los primeros años de vida, los niños aprenden a comunicarse mediante la interacción cotidiana: escuchan palabras, observan gestos, hacen preguntas e intentan expresar lo que sienten y piensan. Las respuestas de los adultos les permiten ampliar su vocabulario y desarrollar sus habilidades de comunicación.Por eso, las interrupciones frecuentes merecen atención.
Investigaciones vinculadas con el proyecto TRACES (Transformations in Care), desarrollado en la Universidad de TI Copenhague (ITU), relacionan el uso excesivo de pantallas por parte de los padres con un menor desarrollo de habilidades de comprensión y expresión verbal en niños de entre dos y tres años.
Estos hallazgos evidencian que el uso que los adultos hacen de la tecnología también forma parte del entorno en el que crecen sus hijos.
Una conversación interrumpida no determina por sí sola el desarrollo de un niño. Sin embargo, cuando las distracciones digitales se vuelven habituales pueden reducir las oportunidades de hablar, escuchar, compartir experiencias y mantener la atención conjunta, procesos importantes durante la infancia.
Cuatro hábitos para recuperar la atención en familia
No se trata de eliminar la tecnología, los celulares son herramientas útiles para trabajar, comunicarse y resolver necesidades. El reto está en evitar que ocupen todos los espacios, incluso los destinados a convivir con quienes tenemos cerca.Algunos cambios sencillos pueden ayudar:
Estas medidas no requieren grandes cambios en la rutina, solo exigen reconocer cuándo el teléfono está interrumpiendo un momento que merece tu atención.
La responsabilidad digital comienza con los adultos
Las niñas y niños crecen en un entorno donde la tecnología está presente: en la escuela, el entretenimiento y las relaciones sociales; prepararlos para desenvolverse en ese entorno no significa alejarlos de las pantallas, sino enseñarles a utilizarlas con criterio y responsabilidad.
Para hacerlo, los adultos también necesitan revisar sus propios hábitos.Es difícil pedirles a los niños que dejen el celular durante la comida si se responden mensajes mientras se conversa con ellos. Las reglas familiares tienen más sentido cuando los padres participan en su cumplimiento y muestran con sus acciones el comportamiento que esperan de sus hijos.
La tecnoferencia invita a mirar más allá del tiempo que se pasa frente a una pantalla. También lleva a preguntarse cuántas veces se deja de escuchar, de responder o de compartir un momento por atender algo que ocurre en el teléfono.
La próxima vez que tu hijo quiera contarte algo, mostrarte un dibujo o invitarte a jugar, vale la pena hacer una pausa antes de mirar la pantalla.Porque no solo importa cuánto tiempo compartes con tus hijos, sino la atención que les das mientras estás con ellos.