Hoja verde
La noche del 24 de octubre de 2023, el viento sobre la bahía de Santa Lucía dejó de ser aire para convertirse en un muro de fuerza ciega.
El piloto naval José Andrés Soberano Mellado, de 27 años, conocía la disciplina del mar. Graduado con honores de la Escuela Náutica Mercante de Veracruz, entendía que el compromiso de un oficial no concluye cuando el sol se oculta.
Como primer oficial a bordo del Aca Rey, embarcación insignia de los paseos por la bahía, permaneció en su puesto de guardia junto a sus tres compañeros para velar por la nave ante el aviso de tormenta.
Nadie en el puerto pudo prever el giro devastador del destino: en cuestión de horas, Otis mutó de tormenta tropical a un huracán de categoría cinco, impactando la costa con ráfagas superiores a los 260 kilómetros por hora.
A medida que avanzaba la medianoche, el estruendo del agua se volvió ensordecedor.
El suministro eléctrico colapsó, sumiendo a la bahía en una oscuridad absoluta solo interrumpida por el resplandor de los relámpagos. A bordo del Aca Rey, la tripulación enfrentó el embate de olas enormes que levantaban la embarcación con violencia.
En los embarcaderos del Club de Yates, la Marina Santa Lucía y Puerto Pescadores, los amarres de más de 600 embarcaciones cedieron ante el empuje de la marea.
En esa marea de sombras y choques imprevistos, saltar al agua o intentar llegar a la franja de arena era imposible. La única opción era resistir dentro de la estructura, aferrados a la vocación y al deber. En las horas más críticas de la madrugada, la marejada de tempestad volcó la embarcación, apagando la voz de José Andrés y la de decenas de marineros que custodiaban el puerto esa noche.
Desde la perspectiva de la tanatología, la pérdida ocurrida en el mar bajo estas circunstancias encuadra en lo que se conoce como duelo por muerte traumática y repentina. Cuando la vida de un ser querido se interrumpe sin previo aviso, el impacto psíquico sobre la familia se manifiesta en distintas fases:
El estado de shock e incredulidad: La brecha entre el último contacto cotidiano y la confirmación de la noticia genera una sensación de irrealidad. El cerebro busca protegerse del dolor anestesiándose temporalmente ante la comprensión de la pérdida.
El duelo por la incertidumbre: En las horas y los días posteriores, la espera de noticias prolonga la angustia, dificultando el inicio natural del proceso de asimilación afectiva.
La fractura del proyecto de vida: La ausencia física de un joven con un futuro por delante desarticula las expectativas familiares, exigiendo un esfuerzo extraordinario de reestructuración emocional.
La tanatología enseña que el duelo no consiste en olvidar ni en “superar” la pérdida como si nunca hubiera ocurrido, sino en aprender a integrar la ausencia a la narrativa de la vida.
Este artículo está escrito en memoria del piloto naval José Andrés Soberano Mellado, así como de cada uno de los capitanes, marineros y trabajadores del mar que perdieron la vida o permanecen en la memoria del puerto tras el paso del huracán Otis.
Su valentía, su entrega y su amor por el mar viven para siempre en la conciencia y en el corazón de Acapulco.
ESCRIBEME Y HABLEMOS: ¿Qué pérdida te está costando más trabajo cargar hoy en día? ¿Qué te gustaría que platiquemos el próximo domingo? Déjame tu comentario aquí abajo o envíame un mensaje privado a [email protected], Facebook: Tanatóloga Patty Ugalde, WhatsApp: 7442946358.