CIUDAD DE MÉXICO, 8 de junio de 2017.- La muerte del periodista Javier Valdez, ocurrida en Culiacán el mediodía del 15 de mayo pasado, se enmarca en un clima de recrudecimiento de la violencia en Sinaloa, dice a Quadratín el también periodista y compañero de Valdez en la publicación Río Doce, Francisco Sarabia.

Una situación de descomposición política protagonizada por el anterior gobierno de Mario López Valdés [Malova], y continuada por su sucesor, el actual mandatario estatal Quirino Ordaz Coppel.

“No sabemos si esto sea parte de los rezagos que dejó el gobierno anterior, lo que sí sabemos es que se está recrudeciendo mucho, así, abiertamente en Culiacán y los alrededores son las zonas más conflictivas; el municipio de Navolato, algunas poblaciones suburbanas como Costa Rica, El Dorado vemos que las camionetas van con gatilleros, con sicarios recorren la ciudad e incluso a veces pasan las camionetas con gente armada y atrás va gente del Ejército. No nos explicamos como ocurre eso”, cuestiona.

La situación asimismo es sazonada por la rivalidad surgida entre quien fuera jefe de sicarios de Joaquín El Chapo Guzmán, Dámaso López Núñez, y los hijos del Chapo, quien está tras las rejas desde el año pasado.

-Se decía que Javier Valdez estaba blindado por ser autor de libros, recibir premios. ¿Tenía amenazas antes?

-Pensábamos que incluso hacer periodismo en Sinaloa era menos riesgoso que en Tamaulipas o que en Veracruz, porque la forma de operar de los carteles era distinta y entendíamos que los viejos capos tenían códigos, uno de los cuales era respetar a los periodistas, sobre todo a los que desempeñaban su trabajo de manera imparcial o que no agredían así directamente a los personajes y en ese sentido sentíamos que había cierto respeto, límites.

“Pero ahora que está disperso todo, que hay células por todo el país, que los sicarios empiezan a tomar las riendas de los cárteles esto nos da otra realidad, descontextualiza todo y eso es lo que tiene parte de la explicación de la muerte de Javier y jamás imaginábamos que iba a haber una muerte tan cercana. Javier ciertamente escribía los temas de narcotráfico pero en su narrativa siempre estaba pendiente de cuidar eso, salvaguardaba su seguridad.

“La requisición de los periódicos de Río Doce [presuntamente ordenada por los hijos del Chapo, ocurrida luego de que Valdez entrevistó a Dámaso López] nos vino a dar señales pero jamás pensábamos que iba a terminar en la muerte de él.

-¿Esta entrevista a Dámaso detonó esto?

-Creemos que sí, nosotros en la edición, Ismael Bojórquez en su columna Altares y sótanos claramente dice que se piensa en eso, que fue eso o incluso hubo solicitud de ellos que exigían eso.

-¿Su publicación ha ayudado a entender el crimen, se puede entender la presencia de la delincuencia organizada sin la complicidad de las autoridades?

-No, incluso muchas veces pensamos que el sicariato opera las intenciones de la clase política; no necesariamente las amenazas vienen de los narcotraficantes, las amenazas en gran medida vienen de los políticos, de los funcionarios, del gobierno municipal, estatal, no se diga el federal.

-¿Les tocó a ustedes recibir llamadas para intimidarlos de parte de las autoridades, por el gobierno de Malova o funcionarios municipales?

-No abiertamente, porque saben que la línea  editorial de Río Doce no cambiaría, pero sí sabemos que se han pisado muchos callos de funcionarios de la administración de Malova y del mismo Malova, entonces por eso es que se ha insistido en que se tome esa relación o posible injerencia de políticos sinaloenses en la muerte de Javier Valdez.

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