Reviven historia de la ruta que unió a Acapulco con Manila por 250 años
ACAPULCO, Gro., 8 de octubre de 2026.- El subdirector de Arqueología Subacuática del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Roberto Junco Sánchez planteó resignificar la identidad de Acapulco a partir de su historia como puerto de conexión entre América y Asia, más allá de la imagen construida durante el siglo 20 alrededor del jet set, las estrellas de Hollywood y el Cine de Oro mexicano.
En entrevista telefónica, el arqueólogo sostuvo que durante unos 250 años Acapulco concentró intercambios comerciales, humanos y culturales procedentes de Asia, Centroamérica, Sudamérica y distintos territorios de la Nueva España, cuyos rastros permanecen en la gastronomía, el lenguaje, las artes y objetos recuperados en excavaciones.
“Acapulco durante mucho tiempo fue la puerta de América a Asia. Así nada más, así de importante”, resumió.
Junco Sánchez ofrecerá este viernes a las 10 horas una conferencia magistral en el auditorio Juan Álvarez, dentro del Antiguo Ayuntamiento de Acapulco, como parte de las actividades por el Día del Galeón Manila-Acapulco, cuya programación concluye ese mismo día.
Explicó que su exposición abordará los trabajos arqueológicos efectuados por el INAH en Acapulco, el Fuerte de San Diego, San Blas y Baja California relacionados con la ruta transpacífica, así como los objetos recuperados que permiten reconstruir los intercambios establecidos entre los siglos 16 y 19.
Lo que permanece bajo el suelo
El especialista señaló que las excavaciones efectuadas tanto en el Fuerte de San Diego como en el centro de Acapulco han permitido recuperar porcelanas, monedas y otros materiales que muestran una historia más amplia que la asociada con el desarrollo turístico del siglo pasado.
Entre esos hallazgos mencionó monedas vinculadas con el ejército de José María Morelos, quien mantuvo sitiado durante dos años el fuerte de Acapulco, además de evidencias relacionadas con otros episodios históricos como el paso de Agustín de Iturbide y el bombardeo francés contra el Fuerte de San Diego.
“Todos esos datos que podemos ver en los objetos que encontramos creo que eso es más importante y que nos habla más de quiénes somos nosotros”, señaló.
Recordó además los trabajos desarrollados con el entonces director del Museo Histórico de Acapulco Fuerte de San Diego, Víctor Hugo Jasso, donde fueron recuperadas piezas de porcelana relacionadas con el comercio transpacífico.
Junco Sánchez explicó que desde Acapulco salieron hacia Asia grandes cantidades de plata, mientras por el puerto ingresaron porcelanas, sedas, especias, plantas, objetos cotidianos y personas que posteriormente se distribuyeron por el territorio novohispano.
Precisó que ese intercambio no se limitó a artículos suntuarios destinados a las élites.
“Hombre, llegaban cosas tan básicas, importantes para nosotros, como el clavo y la canela”, dijo al mencionar que ambos ingredientes permanecen en preparaciones regionales como el café de olla y los moles.
El arqueólogo puso como ejemplo también a la China Poblana, convertida posteriormente en uno de los símbolos de México, cuyo atuendo tiene influencias asiáticas derivadas de esos intercambios.
Añadió que la llamada cuarta raíz asiática permanece incluso en palabras de uso cotidiano. Mencionó las embarcaciones llamadas banca en Filipinas, término que relacionó con la palabra panga utilizada actualmente en México.
También recordó que en Manila existe un platillo conocido como relleno, cuya preparación guarda semejanzas con el relleno que se consume y vende en los mercados de Acapulco.
Del Galeón al Acapulco del jet set
Junco Sánchez contrapuso esa historia con la imagen turística construida alrededor de las celebridades que llegaron a Acapulco durante el siglo pasado.
Consideró que esa etapa forma parte de la historia local, pero es reciente frente a los procesos históricos que hicieron del puerto un punto estratégico para el comercio y el tránsito de personas entre continentes.
“Creo que hay que romper con ese Acapulco bonito de Luis Miguel y de los mirreyes y el Baby y, antes, Kennedy y todo ese rollo. O sea, que es parte de su historia, sí, está muy bien, pero creo que hay cosas que son mucho más profundas, mucho más ricas e interesantes”, expresó.
El arqueólogo recurrió también a la literatura para explicar otras representaciones de la ciudad y mencionó obras de Ricardo Garibay, Julián Herbert y José Agustín que muestran facetas distintas de Acapulco.
Citó Acapulco, de Ricardo Garibay; Canción de tumba, de Julián Herbert, y Se está haciendo tarde, de José Agustín Ramírez, como ejemplos de narrativas que se alejan de una visión exclusivamente asociada con el glamour.
También recordó la iconografía construida alrededor de personajes como John Wayne, Johnny Weissmuller, Tarzán, Kennedy y visitantes ligados al jet set, aunque insistió en que esa memoria no debe desplazar los procesos históricos de mayor profundidad.
“Para mí es más importante saber que por allí pasaban estos flujos comerciales impresionantes”, sostuvo.
Junco Sánchez retomó además el concepto de Acapulco como “crisol”, expresión que recordó utilizaba Víctor Hugo Jasso y que vinculó con El espejo enterrado, de Carlos Fuentes, para definir la mezcla cultural generada por siglos de migraciones e intercambios.
Explicó que por Acapulco no sólo circularon mercancías, sino filipinos, europeos, religiosos, comerciantes, navegantes y habitantes de otros territorios que llegaron, permanecieron o continuaron hacia otras regiones.
“Me gusta más pensar en ese otro lado, donde llegaba un filipino que no sabía ni bien a dónde estaba llegando y se bajaba y se volvía pescador y se integraba a una nueva sociedad, que es finalmente lo que somos hoy en día”, señaló.
Para el investigador, recuperar esa memoria permite comprender a Acapulco como un espacio de intercambio cultural que durante siglos vinculó al continente americano con Asia.
“La cultura tiene que ser el bastión, la educación, la cultura. La historia sí, la cultura sí”, concluyó.