
Teléfono rojo
No hay sapo que no se traguen ni maroma que no se avienten. La protección a Cuauhtémoc Blanco es solo una más entre tantas incongruencias de quienes ofrecieron purificar la vida pública e hicieron lo contrario. Cada vicio que han señalado en otros lo han reproducido de manera corregida y aumentada. Lo que no cambia es la demagogia con la que se elogian a sí mismos, se victimizan y culpan a otros de lo que ellos hacen, subidos en un tabique de autoasignada superioridad moral.
¿Cómo pueden insistir en que “siempre estarán con las víctimas”, ser enfáticos en que “no protegen a nadie” y al mismo tiempo mantenerle el fuero al presunto violador con antecedentes de violencia doméstica y acusaciones de malversación de fondos públicos, delincuencia organizada y daños contra la salud? Ante el absurdo, culpan al ex fiscal de Morelos de integrar la carpeta de investigación de manera deficiente sin mostrarla y sin decir cómo tuvieron acceso a ella. Además lo descalifican con el refrito de que es “protector de feminicidas”, aunque ya fue absuelto de dicha acusación por la cual lo detuvieron en agosto de 2023 de manera por demás desaseada y, casualmente, como favor de la entonces jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum al entonces gobernador Cuauhtémoc Blanco.
El pretexto es de por sí malo, no explica por que las diputadas de Morena acuerparon al presunto violador en tribuna al grito de “no estás solo”, y además se cayó con la filtración de un audio de la Sección Instructora de la Cámara de Diputados en el que se revela que al menos tres de sus integrantes iban a votar a favor de iniciar el procedimiento de desafuero, pero una orden de última hora cambió el dictamen y la decisión.
Por cierto, si la falta de autoridad moral del ex fiscal descalifica de antemano cualquier acusación que haya hecho, entonces, a la luz de los que tenemos en el país, sería difícil que alguna se sostuviera, comenzando por las realizadas por la FGR, cuyo titular plagió trabajos académicos, persiguió a investigadores que no le otorgaron el grado que quería en el SNI, así como a su familia política con delitos inexistentes, además de presionar a ministros para mantener a la hija de su ex cuñada en prisión, entre otras lindezas.
Con la certeza de su inmunidad, Cuauhtémoc Blanco acudió a la Fiscalía de Morelos. Como ésta no lo puede imputar ante un juez, solo fue a tomarse la foto. Presentarse con fuero es pantomima, lo cual retrata al obradorismo de cuerpo entero: les encanta simular para engañar incautos… pero pocos se fueron con la finta. Las “feministas” de Morena dieron saltos mortales para tratar de justificar la protección al onvre (sic) y el desprecio a la víctima sin éxito. Las activistas de género están muy curtidas como para que les jueguen con el dedo en la boca.
La logofagia –dícese de la práctica de tragarse las palabras propias- no es excepción, sino la regla en este nuevo régimen instaurado con lo que va quedando tras la destrucción institucional, el resurrecto hiperpresidencialismo, la militarización y la perniciosa improvisación de votar a ministros, magistrados y jueces para acabar con la división de poderes. Es la restauración autoritaria llevada a cabo por quienes se reivindicaban adalides de la democracia y cuestionaban cualquier atisbo de lo que están haciendo desde el poder y sin ninguna medida. En ellos, lo único constante y transversal es la farsa.
En el sexenio de Felipe Calderón promovieron la campaña “No + Sangre” para repudiar la violencia y la estrategia gubernamental, repudiaban a los soldados en las calles y se solidarizaban con las víctimas. Ahora llaman “carroñeros” a quienes denuncian la violencia desatada y la barbarie, aplauden el empoderamiento sin precedentes de las Fuerzas Armadas y acusan a las madres buscadores de hacer un complot por denunciar el exterminio que, por cierto, no solo ocurrió en Teuchitlán.
Impunidad, opacidad, corrupción, falta de rendición de cuentas, contratos sin licitar, colusión con el crimen, todo lo que antes les parecía inadmisible lo han normalizado a grados nunca vistos. Como la mentira no los ruboriza y el cinismo se ha vuelto su refugio, no dejan de negar la fiesta con el confeti en los calzones.