Descomplicado
El 14 de septiembre de 2026, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), con motivo de la celebración del 216 aniversario del Grito de Dolores y el 205 de la consumación de la Independencia, dio a conocer el comunicado Llamado a la Libertad.
Los obispos hacen mención de un hecho histórico: “Nuestra Independencia nació abrazada a un estandarte. En Atotonilco, la imagen de Santa María de Guadalupe se convirtió en la bandera de un pueblo que se descubría nación (…) Hasta el primer Presidente de la República quiso llamarse Guadalupe”.
Señalan que “la Independencia evoca una palabra decisiva: libertad. Los Sentimientos de la Nación pedían que la esclavitud se proscribiera para siempre, que se moderara la indigencia y que la ley alcanzara por igual a todos: la intuición de que toda persona tiene una dignidad que ningún poder otorga y ningún poder puede quitar.
De esa raíz brotan los derechos humanos y la igualdad ante la ley. Y entre esos derechos, dos que pedimos proteger y cuidar: la libertad de expresión —que exige medios plurales, periodistas protegidos y un debate público que no descalifique al que piensa distinto— y la libertad religiosa, que no se reduce al culto dentro de un templo, sino que comprende el derecho de creer, de educar conforme a las propias convicciones, de asociarse, de servir y de aportar públicamente al bien común”.
Y afirman que llegamos a 2026 “con pasos construidos y con heridas abiertas. Hemos avanzado en conciencia de derechos, en participación de las mujeres, en instituciones que se han querido fortalecer, en solidaridad ante los desastres y en un anhelo social de paz que ya nadie puede ignorar. Al mismo tiempo, siguen sangrando la violencia, la desaparición de personas, la impunidad, la desigualdad que humilla y el desplazamiento forzado de comunidades enteras. Celebrar la Independencia no es cerrar los ojos: es recordar de dónde venimos para tener el ánimo de seguir construyendo”.
Recuerdan que en este 2026 se conmemora el inicio, hace 100 años, de la Guerra Cristera, “un conflicto fratricida entre hermanos que compartían una misma fe, un mismo corazón y una misma cultura, y porque su lección es urgente: cuando la libertad de conciencia se restringe, es la nación entera la que se lastima”.
Y sostienen que la Iglesia es parte del tejido social de México y que “sostuvo la primera educación, los primeros hospitales, los primeros asilos; formó a buena parte de quienes pensaron la nación; y no ha dejado de estar donde más duele. Hoy esa presencia tiene nombres concretos: Cáritas y sus miles de voluntarios en cada emergencia; colegios, universidades y fundaciones educativas; casas del migrante, comedores, dispensarios, albergues para mujeres y niños; centros de defensa de los derechos humanos; el acompañamiento a las víctimas y a sus familias; la reconstrucción del tejido social y el trabajo constante por la paz”.
En la parte final de su llamado piden a quienes gobiernan “que la libertad no sea concesión sino garantía; que la seguridad y la justicia dejen de ser promesa; y que se escuche a las víctimas. Además, en vísperas de un nuevo proceso electoral, pedimos que el debate público esté a la altura del pueblo que lo sostiene. A los ciudadanos, los invitamos a amar a México con honradez cotidiana, con participación, con cumplimiento de lo que a cada quien corresponde y cuidando del que menos tiene”.
@RubenAguilar