El Pacífico Sur también tiembla

Los peligros naturales se deben a circunstancias naturales que ponen en peligro el bienestar del ser humano y su medio ambiente. Se suele considerar como tales a aquellos que son debidos a fenómenos climáticos o geológicos. Los riesgos más conocidos son los que se materializan de forma episódica, a menudo con alcances catastróficos.

Cuando los fenómenos naturales se traducen en eventos tan devastadores, pueden afectar la economía de un país o una región de la misma forma en que una herida grave en la cabeza afecta el cerebro. La herida se expande rápidamente en una reacción en cadena desde el lugar donde se produjo el impacto a regiones distantes; se alteran funciones clave; se paralizan actividades.

Un desastre natural severo no sólo arrasa con la agricultura, la industria y otras actividades productivas, hay una necesidad abrumadora de volcar recursos a asistencia humanitaria y reconstrucción. Y cuando gran parte de su base de ingresos queda destruida, las actividades básicas como recaudar impuestos se ven limitadas, el gobierno avanza con dificultad y poca capacidad de ayudar al país a recuperarse.

México se encuentra en una zona de alta sismicidad debido a la interacción de cinco placas tectónicas: La placa de Norteamérica, placa de Cocos, placa del Pacífico, la placa de Rivera y la placa del Caribe. Por esta razón no es rara la ocurrencia de sismos.

Las entidades que integran la Región Pacifico Sur se encuentran sobre las placas Cocos y Rivera que se mueven hacia el noreste de la República, una parte de estas placas se hunde sobre la región bajo la placa norteamericana (subducción) y han ocurrido desde tiempos históricos grandes terremotos, pero no es posible saber con exactitud si fueron producidos por el movimiento de la placa Rivera o Cocos.

Cada año, en México se registran unos 30.000 sismos en promedio y el Estado de Guerrero concentra alrededor de un 25 por ciento de la actividad sísmica nacional, pero la RPS concentra el poco más del 40 por ciento de la actividad sísmica nacional.

Poe ejemplo, En lo que va del año 2021 a nivel nacional se han registrado mil 394 eventos sísmicos, de los cuales 207 han tenido epicentro en la entidad chiapaneca, lo que representa el 14.85 por ciento de la actividad sísmica del país.

El último registro de un sismo en Chiapas fue el 18 de enero a las 2:35 horas al suroeste de Tonalá, sismo que tuvo una magnitud de 3.6, de acuerdo a información de la Secretaría de Protección Civil.

Históricamente, Chiapas se ha encontrado entre los estados a nivel país con mayor sismicidad. Actualmente es la tercera entidad con mayor número de sismos registrados en lo que va del 2021. Le anteceden Oaxaca con 648 sismos y Guerrero con 241.

Tan sólo al inicio del 2021, se registró una secuencia de hasta 10 sismos uno tras otro, conocido como enjambre, con epicentro en diversas zonas de Pichucalco, Chiapas.

Los sismos importantes con el epicentro en Guerrero, por mencionar algunos, son el sismo del d 28 de julio de 1957 de magnitud 7.5, recordado por la caída del Ángel de la Independencia y el sismo de Petatlán del 14 de marzo de 1979 con magnitud de 7.6. Ambos generaron daños importantes en la Ciudad de México.

Por lo que hace a Michoacán, en fechas recientes, se ha presentado un conjunto de temblores pequeños en la región, que en ocasiones son imperceptibles para el ser humano. Ese fenómeno recibe el nombre de enjambre sísmico.

Entre el 1 de mayo y el 8 de junio se registraron 242 microsismos en Uruapan y el corredor volcánico Michoacán-Guanajuato, de los que seis tuvieron una magnitud superior a cuatro. De enero a junio se registraron 305, y en enero de 2020 también hubo enjambres sísmicos. En total se han registrado 4 mil 102 sismos.

En Oaxaca, durante 86 años, que son los transcurridos entre 1931 y 2017, en el territorio oaxaqueño han ocurrido miles de temblores de diferente intensidad.

Algunos de ellos, de magnitud de siete grados o más, fueron: 26 de julio de 1937 (7.3); 23 de agosto de 1965 (7.3); 2 de agosto de 1968 (7.1); 28 de agosto de 1973 (7.1); 29 de noviembre de 1978 (7.6); 24 de octubre de 1980 (7.0); 14 de septiembre de 1995 (7.3); 25 de febrero de 1996 (7.1); 30 de septiembre de 1999 (7.4); 20 de marzo de 2012 (7.4); 7 y 19 de septiembre de 2017 (8.2 y 7.1, respectivamente).

El principal reto de la Protección Civil ha sido, es y será prevenir las consecuencias de los temblores en las viviendas, sobre todo las más vulnerables. Pero en la RPS al igual que el resto del país, la ausencia de una la gestión integral del riesgo, el limitado enfoque preventivo en la materia, la poca vinculación con la sociedad, la débil coordinación de los tres niveles de gobierno y el uso inadecuado de la tecnología los presupuestos inadecuados, obstaculizan la respuesta al reto.

Cuando se huye del riesgo hay más posibilidades de tropezar, diría la abuela.

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Fuente

Mapa de sismicidad anua, Servicio Sismológico Nacional