Va la nueva Ley de economía digital en México
¿Ya no irá Saldaña a Perritos Felices?
Con una apuesta a dos frentes el rector parece anunciar un cambio de ruta en su objetivo de convertirse en candidato
El miércoles 9 de abril, el rector de la Universidad Autónoma de Guerrero, Javier Saldaña Almazán, organizó en el Recinto Legislativo de San Lázaro el Modelo Parlamentario Universitario de la UAGro, un ejercicio donde estudiantes de las ocho regiones del estado debatieron iniciativas desde la tribuna del Congreso. El acto fue académicamente legítimo. Políticamente, fue otra cosa.
La mesa principal lo dice todo: Ricardo Monreal Ávila, presidente de la JUCOPO, y Esthela Damián Peralta, Consejera Jurídica de la Presidencia. Ambos son actores de primer nivel nacional. Ninguno llega a un evento universitario estatal sin razón. Saldaña no se encontró con ellos ahí: los convocó. Él construyó el escenario y se colocó al centro. Eso no es un rector organizando un acto académico. Es un político diseñando una fotografía.
El movimiento tiene una lógica clara frente al tablero guerrerense. Durante meses, Saldaña había trabajado su cercanía con el salgadismo: con Evelyn Salgado Pineda, gobernadora con poder institucional propio y control del aparato estatal hasta 2027, y con Félix Salgado Macedonio, cuya influencia opera desde el territorio y las lealtades de largo plazo, incluyendo su conocido centro de reuniones políticas en Chilpancingo. Acercarse a esa corriente era un movimiento racional para cualquier aspirante a una candidatura de Morena en Guerrero.
Pero esa ruta tiene un techo. El salgadismo es poder real, mas no es el único poder que decide una candidatura. La Ciudad de México pesa cada vez más en esos procesos, y Saldaña hasta ahora tenía poco capital visible en ese frente. San Lázaro fue una inversión directa en ese déficit.
La presencia de Esthela Damián añade una capa adicional. Ella es la otra aspirante visible a la gubernatura, y su principal activo es la proximidad con la presidenta Claudia Sheinbaum. Que haya aceptado aparecer en el evento de Saldaña, presentada como egresada distinguida de la UAGro, revela su propia necesidad de existir en Guerrero desde la distancia. Pero al mismo tiempo le entrega a Saldaña algo útil: la imagen de un convocante, de alguien capaz de reunir en una misma mesa a un operador nacional y a una rival política.
Damián llega a este momento, además, con una complicación reciente. Su hermano Alfonso acaba de ser nombrado Auditor Especial para Entidades Federativas en la Auditoría Superior de la Federación, el órgano que fiscaliza los recursos federales que recibe cada estado —en el caso de Guerrero, decenas de miles de millones de pesos al año—. Si ella llegara a la gubernatura, sería su hermano quien la audite. No es un detalle menor: es un conflicto de interés que cualquier rival puede convertir en argumento dentro del proceso interno de Morena. Saldaña no tiene ese problema.
El encuentro del 9 de abril no resuelve nada, pero anuncia una reconfiguración. Saldaña parece haber decidido que su candidatura no puede construirse desde un solo frente, y que necesita mostrar capacidad de interlocución con el poder federal sin abandonar el territorio. Es una apuesta a dos frentes que implica riesgos: quien intenta quedar bien con todos puede terminar sin el respaldo firme de nadie. Pero por ahora, el rector ha logrado algo que hace unos meses no tenía: hacerse visible en el centro mientras Guerrero lo observa.