Gerardo A. Herrera Pérez

Entre dos polos de desarrollo, se resguarda La Unión; Lázaro Cárdenas, Michoacán por un lado y por el otro, Ixtapa y Zihuatanejo, Guerrero. La Unión es cuidada y protegida como la madreperla o Nácar del Océano Pacífico, donde alberga a dos hermosos y cálidos lugares, Troncones y la Saladita.

La carretera que conecta Lázaro Cárdenas a Ixtapa, conduce a La Unión; sobre esta rúa, la venta de productos de barro y el olor a pan recién horneado con leña abre apetito; las conchas, y desde luego las empanadas dulces hace detener la marcha de cualquier automotor para bajar a disfrutar de estos manjares elaborados con harinas y materiales de primera calidad y rellenos de coco, chilacayote, camote y otros frutas, que hacen la delicia de chicos y grandes.

Antes de llegar a unos hermosos y detallados Arcos, los cuales de ubican a mano izquierda cuando se corre de Lázaro Cárdenas a Ixtapa; arcos que se erigen para dar paso a una gran calzada que conduce a un hermoso y pintoresco pueblo de la Costa Grande Guerrero y cabecera municipal de La Unión de Usidoro Montes de Oca.

Cuando las personas recorremos esa calzada o bulevar, nos damos cuenta de la grandeza que tiene este sitio, enclavado entre grandes cerros que han sido protección de cambios climáticos y de seguridad a sus habitantes; su gente, al ver pasar a otras personas saluda, no discrimina, sonríe, y está al pendiente de aquellos carros que no conoce preguntándose quién ira?.

Un gran hospital se levanta como vigía y testigo del derecho a la salud que tienen la población, ahí, se atienden ahora todos aquellos problemas de cataratas, de labio leporino y paladar hendido de todos los casos del Estado de Guerrero. La Unión es entonces un espacio que fortalece con su generosidad y actitud la atención de sus visitantes y de sus pacientes con respeto y responsabilidad institucional. Sus servidores públicos están llamados a respetar y ofrecer con calidad y calidez sus atenciones a los visitantes.

En pocos minutos se puede recorrer la cabecera municipal; su población se desplaza caminando entre las calles del pequeño y pintoresco pueblo de un lado a otro, lo hace disfrutando de la amabilidad de la otredad y sabiendo que quienes ahí viven se cuidan unos a otros. Los techos de algunas casonas de la zona centro recuerdan el otrora techumbre de teja de barro rojo, recuerdan los adobes y aquellos grandes cuartos con sus portales para tener una tarde con viento y con tranquilidad.

Un moderno edificio se cuela y rompe con el diseño arquitectónico de su hermoso y arbolado centro histórico, que aun lado se tienen las oficinas del H. Ayuntamiento. Más adelante localizamos la oficina del Comisariado Ejidal, en estas se localizan una magnificas y modernas instalaciones.

Su gente, es como el color de mi gente, morena, como la piel que prevaleció antes de la conquista, esa piel que vale oro, porque tiene los rasgos de las personas originarias. La personas de la Unión, son gentiles, afables, generosas, tienden la mano al foráneo, responden a las preguntas para ubicarte, disponen de su tiempo para acompañar. Lo que yo viví, es un encuentro de voluntades, de personas buenas que desean superación y conocer, fue un encuentro cálido, en el cual aprendí de las personas, un encuentro que me permitió la complementariedad, sin colonizar el pensamiento o el conocimiento, fue un encuentro con personas sabias, con personas que han vivido, que tienen experiencias, que conocen y hablan de la vida y de los detalles de la vida, son personas que buscan y acercan el bien.

La administración de este pintoresco y representativo lugar de la Costa Grande, nos permite pensar en el trabajo y desempeño que se realiza en la administración municipal y por parte de servidores públicos, pero en especial y en concreto por lo que realizan su cuerpo edilicio y los servidores públicos. Tuve la oportunidad de conocer a don Martín, hombre de más de ocho décadas de edad, quien con su actitud positiva y generosa se acerca al foráneo para invitarles a disfrutar de la vida en la Unión, hombre sabio y de quien inmediatamente uno puede ser amigo de él. También conocí al regidor Omar, sensible, generoso y respetuoso y prácticamente conocí a todos los servidores públicos incluido el ciudadano presidente municipal Crescenciano Reyes Torres, su cabildo y su grupo de reporte.

Estar en la Unión conviviendo y reflexionando sobre el servicio público y la importancia de trabajar en la construcción y redefinición de un discurso público, nos da la oportunidad de coadyuvar al análisis de cumplir con los mandatos legales y constitucionales sobre igualdad y no discriminación; con trabajo de derechos humanos, de igualdad y no discriminación, perspectiva de género, multiculturalidad, cultura de la paz entre otros temas de interés y profundos se podrá avanzar significativamente en que todos los servidores públicos resinifiquen sus formas de establecer su comunicación a favor de la inclusión, del respeto, de la tolerancia, del dialogo, de una nueva forma de comprender los valores, los principios y las virtudes sociales a favor de la población y a favor de sus compañeros de trabajo.

Estar en la Unión me permitió conocer a diferentes personalidades, todas igual generosas y con grandes talentos; la Unión me permitió advertir que estas zonas son espacios que guardan muchas historias y leyendas. Guardan sus tradiciones y gustos culinarios los nativos de la Unión, disfrutan de la vida y del acompañamiento de su gente por las tardes para compartir de la comunicación y de las narrativas del día.

La Unión guarda en su gente el tesoro de la vida, guarda a hombres y mujeres, a niños, niñas, adolescentes, adultos y adultos mayores con la misma intensión de cuidar y proteger, sin importar el color, la edad, la condición social, la enfermedad, todos y todas son bienvenidos a la Unión. El Municipio de la Unión es la madreperla del Océano Pacífico, la madreperla que cuida y respeta como eje transversal de esta realidad natural que vivimos, la vida.

Concluyo expresando que en La Unión, hay unión, están unidos, en La Unión, hay vida, hay esperanza, hay fortaleza, existe identidad y se construye confianza.