Atiende Gobierno de Guerrero peticiones de Santa Cruz del Rincón
CHICAGO, Il., 23 de septiembre de 2025.- Originaria de Tepozonalquillo, municipio de Teloloapan, Guerrero, la señora Enriqueta Bruno Armenta abrió las puertas de su casa en esta ciudad para compartir algo de su historia de vida.
La entrevista se llevó a cabo en su traspatio, un pequeño espacio convertido en huerto donde cultiva jitomates, flores, chiles y hortalizas que usa en su cocina diaria.
El vínculo de doña Enriqueta con la comunidad guerrerense en Chicago comenzó vendiendo tamales y atole en las reuniones dominicales de los Clubes Unidos Guerrerenses del Medio Oeste.
De madrugada se levantaba para preparar tamales y venderlos durante las reuniones de la organización.
Años después formó un comité en su comunidad de origen para impulsar obras del programa 3x1 en Tepozonalquillo.
“Erasmo (Salgado Jiménez, coordinador de los Clubes) me invitaba, me decía que me metiera a la organización, que había beneficios. Y sí, con el tiempo formamos un comité para llevar pavimento y mejoras al pueblo. La gente allá está bien organizada”, contó.
Abundó que gracias a las gestiones con los Clubes, en Tepozonalquillo se han hecho tres obras principales que incluyen la pavimentación de calles, ampliación de vialidades y mejora de caminos comunitarios.
Enriqueta Bruno explicó que el proceso de gestión es sencillo, pero requiere compromiso.
“Cuando el presidente municipal nos avisa que ya viene la obra, la gente del pueblo se organiza de inmediato. Emparejan la calle, la amplían si es necesario, y cuando llegan los recursos todo está listo para empezar. Nadie espera a que otros lo hagan, cada quien aporta lo que puede”, dijo.
La migrante detalló que las acciones no son improvisadas, porque los comités locales mantienen reuniones periódicas y acuerdan qué calles o caminos atender primero.
“El pueblo se mueve rápido, están pendientes y hacen su parte. Yo desde acá me encargo de las gestiones, pero allá ellos trabajan hombro con hombro para que todo avance”, aseguró.
No somos delincuentes
Enriqueta Bruno consideró que la situación actual para los migrantes es muy crítica.
Recordó que durante el gobierno de Barack Obama hubo deportaciones masivas, pero consideró que se hacían con respeto.
En contraste, señaló que ahora las autoridades migratorias se conducen sin educación ni respeto hacia los connacionales.
“Nosotros no somos delincuentes, venimos a trabajar al país, a engrandecerlo, no a hacerle daño a nadie ni a quitarle nada a nadie”, expresó.
Agregó que antes, en la década de 1980, los migrantes mexicanos vivían calladitos y tranquilos, cuidando de no llamar la atención para evitar problemas con las autoridades.
Sin embargo, opinó que en la actualidad las marchas y protestas de algunos grupos han provocado más encono con el gobierno, lo que genera un ambiente de miedo entre quienes no tienen documentos.
“De por sí el presidente es medio racista, y con esto más se enfurece”, sostuvo.
El cruce y los primeros años
La guerrerense recordó también lo que significó cruzar la frontera en 1979.
“Era difícil, pero no como ahora. Caminamos todo un día. Había que brincar una barranca muy honda; yo pensé que no iba a llegar y busqué un lugar más angosto para pasar”, narró.
Años más tarde, cuando decidió viajar a México para festejar los 15 años de una de sus hijas, una amiga le prestó papeles para poder cruzar y consiguió volver a Chicago.
De la amnistía a la ciudadanía
La amnistía de 1987 marcó un antes y un después en su vida.
Ocho años después de su llegada, obtuvo sus documentos de residencia, lo que le abrió la posibilidad de regularizar también a sus hijos.
“Primero me hice ciudadana y luego fui arreglando papeles a mis hijos, sobre todo a los menores. Gracias a Dios ahora todos tienen sus documentos, ya están casados, tienen sus familias. Hasta mis nietos, que son la primera generación nacida aquí, ya están forjando su vida”, expresó orgullosa.
La señora Enriqueta relató cómo su incorporación al mundo laboral comenzó gracias a una prima que la llevó a un restaurante en Chicago, El Presidente, donde aprendió a cocinar en dos semanas para responder a la confianza de su patrón.
“Yo dije: si otro puede, yo también. Y así me fui para arriba. En un lugar trabajé 18 años”, recordó.
Con esfuerzo, logró estabilidad económica y fue construyendo un patrimonio, tanto en Chicago como en Guerrero, comprando primero un automóvil para tener independencia en la movilidad y luego su casa en Chicago.
Decisión de quedarse
Con emoción, compartió que logró cumplir su meta de tener una casa propia en Estados Unidos, incluso cuando estuvo a punto de perder la vida por una enfermedad antes de terminar de pagarla.
“Le pedí a Dios que me dejara llegar a mi meta, y así fue. Cuando la terminé de pagar mi casita, pude descansar”, dijo.
Aunque en Iguala y en su pueblo tiene propiedades que heredó o levantó con su trabajo, Enriqueta Bruno tomó la decisión de no volver a vivir en Guerrero. Sus padres han muerto y, aunque tiene sobrinos y hermanos en su pueblo, su familia más cercana son sus hijos y su esposo que radican en Chicago.
“Mis hijos y mis nietos están aquí. Tengo todo listo, hasta mi seguro de vida para no dejar deudas. Yo quiero que me entierren aquí”, afirmó.
Una historia compartida
Desde su pequeño huerto en Chicago, doña Enriqueta reflexiona sobre su vida, marcada por el esfuerzo, el trabajo y la solidaridad con su comunidad.
“Dios me ha dado a manos llenas. Todo lo que me propuse lo logré: mi casa, mi familia, mi gente. He sido feliz y ahora disfruto de ver a mis hijos y nietos bien, con sus documentos y sus propios sueños”, expresó.