
Teléfono rojo
Haciendo la historia
Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y esa, sólo esa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas. – Pablo Neruda.
¿Cuál es nuestra responsabilidad? ¿Qué es lo que nos corresponde hacer? Esas dos preguntas, acompañan o suceden al ¿quién soy? ¿qué soy? ¿hacia dónde voy? Preguntas que todos nos hacemos eventualmente.
El ser humano vive eternamente preocupado por construir un legado. Para quienes somos creyentes, vivimos temporalmente en este mundo para prepararnos para nuestra realización en un mundo futuro. Pero nuestro legado terrenal también nos importa. Tratamos de trascender, ya sea con nuestra obra y nuestras acciones, o genéticamente a través de nuestros descendientes.
Hace unos días me realicé un examen médico de rutina, los resultados no fueron alarmantes, pero tampoco alentadores, el tiempo cobra su factura y los lípidos circulantes en mi sangre están por arriba de la normal. Este pequeño dato, nos hace reflexionar y en consecuencia pensar: ¿estoy haciendo lo correcto? ¿A esto debo dedicar mi tiempo? ¿Quiero algo más en esta vida?
Tengo 47 años de edad, para nuestros nuevos estándares puedo decir aún que soy un hombre joven y salvo el detalle mencionado, saludable. Sin embargo, uno no puede dejar de hacerse interrogantes. Comparto esto con mis amables lectores, porque deseo hacerlo y porque creo que tienen el derecho de conocerme un poco más. Conocer no solamente a quien tiene una opinión sobre turismo, política o seguridad, sino también conocer a mi yo interno, ese que habita en lo profundo de mi ser, que sufre, llora, ríe, ama y anhela.
Aún no soy padre, creo que esa es una de las metas que me gustaría cumplir, para serlo no es absolutamente necesario ser padre biológico, pero el sentido del deber de crear una familia, es fuerte, es algo que prevalece en mi interior y que hoy expreso.
Estoy ya en tratamiento médico, nada que el medicamento correctamente administrado, dieta racional y ejercicio moderado, no pueda resolver, e incluso rápidamente.
Al tiempo de anhelar ser padre, deseo dedicar buena parte de mi tiempo a construir un legado en mi ciudad, tengo el sentido de pertenencia, de responsabilidad y del deber con esta no tan pequeña comunidad de recuerdos, llena de amigos, familiares, conocidos. Nuestro Acapulco. La responsabilidad de construir el Acapulco que queremos y que nos merecemos, es nuestra, de nadie más. Si los que nacimos y vivimos aquí no hacemos nada para mejorar ¿por qué esperar que venga el gobierno estatal o el gobierno federal a salvarnos?
Para los habitantes de Acapulco, nosotros somos personas, amigos, trabajadores, clientes, nuestros seres queridos están aquí. Para los distantes gobernantes, somos tan solo una cifra fría más en la estadística.
Acapulco es nuestro, aquí estamos nosotros, aquí vivimos, es nuestro hogar. Y nos debemos a él. Por cariño, historia, tradición, pero también porque devolver a la sociedad los dones que nos ha dado, es parte de un deber que obliga y obliga porque es el bien.
Hay quien piensa que los grandes cambios sólo se pueden hacer desde el gobierno. Difiero. Los grandes cambios es la suma de todos los pequeños cambios que personas como tú y como yo, hacemos todos los días. Aristóteles tenía toda la razón cuando enunció que el todo era más que la suma de sus partes. Los acapulqueños sumados somos una potencia fuerte y poderosa. Falta contar con un imaginario colectivo que nos una. Un líder, una propuesta, una meta, una idea. Y caminar todos juntos hasta lograr nuestros objetivos.
Se dice fácilmente, se hace un poco más difícil, pero estoy seguro de que podemos lograrlo. Hoy me he puesto una meta por toda la próxima semana: voy a sonreír, voy a respirar y dar gracias a Dios, del regalo que tengo de la vida y le voy a sonreír y a saludar a mi vecino, a mi empleado, a mi cliente, a la persona que se encuentre a mi lado en el semáforo. Voy a transmitir un mensaje de optimismo y espero contagiar a algunos. Hay mucho por hacer. Las tareas son arduas, son serias y complejas, estoy consciente de ello. Pero, ¿por qué no lo hacemos mientras sonreímos?
Estoy seguro que Juntos Podemos Lograr, Propuestas y Soluciones.
JLG.