Los Holkeanos y sus padrastros digitales

 

Sucedió en Monterrey pero es del interés nacional porque pudo pasar en cualquier parte de un país con los valores trastocados por la violencia.

El caso del adolescente que hirió a su maestra y a tres compañeros para después dispararse con una pistola calibre .22, al que se asocia con grupos de redes sociales (Legión Holk) que promueven matanzas, es un fuerte llamado de atención para toda la sociedad.

El asunto no se reduce solamente a si los medios deben o no difundir imágenes o videos explícitos de ese tipo de lamentables sucesos, en lo cual tiene que ver también la sociedad.

En Quadratín Guerrero tomamos la decisión editorial de no publicarlo, aun cuando por ser una prueba objetiva de cómo sucedió el hecho, era de gran valor periodístico, sin embargo no indispensable ya que se puede describir sin necesidad de mostrarlo gráficamente.

Respetamos la decisión que otros medios hayan tomado al respecto, primero, porque entendemos que mientras haya demanda por ese tipo de materiales, también existirá oferta. Hay miles de ciudadanos que en sus redes sociales sí lo compartieron.

De igual forma quienes utilizamos las redes sociales diariamente para compartir nuestros materiales informativos, nos percatamos que ya sea por morbo, o porque la seguridad es la principal preocupación de los ciudadanos, y de paso existe un hartazgo hacia la política, reaccionan más a la nota policíaca que cualquier otra información, sea política, de manifestaciones sociales, e incluso de cultura, deportes o espectáculos.

Pero la difusión de materiales explícitos no es el único tema a debate en este caso. El fundamental y que debe preocuparnos a todos, es el de la familia.

¿Qué clase de familia tenemos actualmente? ¿Cuentan las familias mexicanas con lo necesario para desarrollarse de manera integral y mantenerse como generadoras de valores y base de la sociedad?

Comenzando por el tiempo de calidad pulverizado entre la sobrevivencia económica, los padrastros digitales en que se han convertido los dispositivos y las redes sociales, así como la falta de infraestructura para el esparcimiento, las actividades deportivas, culturales y la convivencia en familia.

Hablamos de cuántas familias aun viviendo juntas están separadas por un teléfono celular en medio de la mesa, un televisor encendido en la sala, una consola de videojuegos sustituyendo un paseo familiar en bicicleta.

Hablamos de cuántos padres se llevan la oficina a su casa donde siguen trabajando en sus teléfonos inteligentes, tablets, lap tops o computadoras personales, deshumanizando el hogar.

Valga la reflexión para ocuparnos todos en construir hogares y no viviendas; para criar niños y no crear “Holkeanos”, sin darnos cuenta. Las desgracias, suceden.