CIUDAD DE MÉXICO, 8 de marzo de 2020. —Para honrar la trayectoria y contribuciones científicas de Óscar Flores Villela, académico de la UNAM, una nueva especie de rana arborícola endémica de Guerrero fue nombrada con su apellido.

De acuerdo con un comunicado, los descubridores de Sarcohyla floresi, de la Universidad de Michigan, la describieron a partir de una colección científica de esa institución, en Estados Unidos; luego hicieron trabajo de campo en Guerrero, la encontraron viva en la Sierra Madre del Sur, identificándola como microendémica, pues solamente vive en una zona específica de ese estado mexicano.

“Es importante que se describan especies nuevas, no tanto el hecho de que me la dediquen, aunque es un reconocimiento y agradezco a los autores”, dijo Flores Villela, herpetólogo y desde hace 41 años profesor de la Facultad de Ciencias (FC).

Resaltó que su grupo de herpetología –rama de la zoología que estudia reptiles y anfibios– se dedica a descubrir especies nuevas y han encontrado más de 60.

“Todos los años uno de mis alumnos o una persona asociada con nosotros, como son algunos de los autores de este hallazgo, describen especies nuevas”.

El universitario detalló que muchas de estas especies se quedan en México, pues los científicos buscan incrementar las colecciones de la UNAM, para conformar un patrimonio de ejemplares tipo, importantes por ser referencia de cada especie nueva que se describe.

“Es fundamental el inventario de la biodiversidad nacional, y a eso nos dedicamos en el Museo de Zoología de la FC”, comentó el responsable de anfibios y reptiles de ese recinto. Sarcohyla floresi, de 10 milímetros de largo, vive en arroyos muy estrechos, algunos con corriente rápida, y a veces, cuando son adultas, pueden llegar a los árboles.

Este grupo de ranas arborícolas, así como otros anfibios y reptiles como serpientes y salamandras, son abundantes en Guerrero y Oaxaca, zonas de la Sierra Madre del Sur, con gran riqueza biológica.

La topografía accidentada del estado le brinda cuencas con pequeños arroyos donde los animales quedan aislados, y esto favorece la biodiversidad específica, pues hay poco intercambio genético, explicó.

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