Las batallas
La exposición pública diaria del gobernante es una decisión audaz y temeraria que requiere disciplina extrema y un público -presente y no presente- complaciente. Sin duda ha ofrecido generosos beneficios al obradorismo, más por lo segundo que por lo primero. En las mañaneras se han dejado pasar descuidos y francos excesos, propios de un espacio para la propaganda, se normaliza la mentira como forma regular de gobernar. En México sigue la corrupción, no tiene el sistema de salud de Dinamarca ni es el país más democrático del mundo; pero no importa, el régimen se domicilia en las intenciones.
La mañanera es engañosa, más cuando hay control relativo de la agenda y en cierta medida de quienes asisten en condición de periodistas, con frecuencia patiños, sin nada qué ver con el oficio. La presidenta Sheinbaum disfruta a quienes le sirven y padece cuando se trata de un reportero independiente. Sin advertirlo la mandataria es rehén de sí misma.
El problema no sólo está en las preguntas incómodas de los auténticos periodistas, existe una audiencia y medios singularmente complacientes. La impunidad no sólo es judicial; también social, que se relaciona con la inexistencia de un vigoroso o auténtico escrutinio al poder, especialmente, al presidencial. Los errores y las falsedades vienen y van, pero hay un deterioro en la capacidad para convencer y comunicar.
El problema de la presidenta para ser tal viene de su mentor, promotor y líder, Andrés Manuel López Obrador. Como candidata ganadora con amplia mayoría decidió por el continuismo. El presidente la llevó a todo el país como muestra del triunfo de él. No es accidental que el gabinete, el partido, el Congreso y los gobiernos locales fueran consecuentes con la idea del continuismo. La metáfora del segundo piso de la cuarta transformación les vino como anillo al dedo y en detrimento del liderazgo político de la presidenta Sheinbaum.
La mañanera le venía muy bien a López Obrador. Sirvió para recrear el descontento que le llevó al poder, inhibiendo la libertad de expresión e intimidar opositores y voces independientes partir de la polarización y el rencor social. Desde la presidencia fue disruptivo, con mayoría legislativa y élites acomodaticias. Su popularidad se reafirmó con entregas monetarias a millones de personas y el incremento sustancial de salarios a cuenta del ahorro de décadas de régimen “neoliberal”. El dinero ajeno se agotó y desde 2024 el incremento significativo de la deuda ha sido la consecuencia.
La presidenta ahora debe lidiar con la herencia de un pésimo gobierno en todos los órdenes y escándalos recurrentes. Campo minado, con un espacio muy reducido de autonomía. Sus palabras siempre son calculadas para no defraudar o preocupar al mentor. El discurso soberanista corresponde a la pretensión de asegurar impunidad hasta donde alcance. La embestida del vecino será resistida cuando se trate de juzgar a la jerarquía política implicada en actividades criminales por su connivencia con la delincuencia organizada.
En las mañaneras la presidenta es rehén de sí misma. El discurso soberanista como medio para garantizar impunidad la lleva a condenar con descuido a las autoridades locales de la oposición cuando participan o se relacionan con autoridades norteamericanas. Sus incursiones exhiben un doble estándar, complaciente con los de casa (Rocha Moya, Marina del Pilar, Salomón Jara, Américo Villareal) e intransigente con los de enfrente (Maru Campos y Mauricio Kuri).
La embestida al gobernador de Querétaro muestra descuido y no advierte que los efectos de su incursión complican los objetivos electorales de los suyos; además, parece no cuidar los términos de la relación con los vecinos, a pesar de que el obradorismo, como ningún otro régimen, ha sido tan complaciente con EU y especialmente con Donald Trump en decisiones que representan una violación flagrante a la soberanía, caso del envío de 92 criminales (presuntos y sentenciados) sin las garantías de la extradición o autorizar el sobrevuelo de aeronaves no tripuladas sobre territorio nacional.
Frente a los muchos desaciertos, la recriminación al gobernador Mauricio Kuri de Querétaro el pasado lunes 5 de octubre, no guarda precedente. Un tema de extrema gravedad manejado sin información y con afirmaciones carentes de veracidad. Las expresiones de la presidenta representan un escándalo mayor que no llega a más por la complacencia mediática, aunque las consecuencias allí quedan. No es la primera vez. Pareciera que la presidenta Sheinbaum está sola, o peor aún, muy mal acompañada.