Desde una posición de fuerza, López Obrador socava las bases del partido que alguna vez dirigió y lo postuló dos veces a la silla presidencial, y los conmina a abrazar su muy personal proyecto político en el 2018, siempre y cuando se decidan a signar la alianza Morena-PRD en la coyuntura electoral del Edomex. Después sería tarde.

Faltaría agregar que si el Sol Azteca no lo hace de mutuo propio, sus generales se quedarán sin tropa que conducir a la batalla electoral; porque hay que reconocer que el discurso pronunciado en Chilpancingo el pasado 6 de mayo es “pegador” para cierto sector de la población, a los que les dice en retórica arenga lo que ellos quieren escuchar: mejores precios para los productos del campo (hasta les dice cuanto van a recibir por cada kilo de maíz), aumento al salario mínimo para cubrir sus necesidades sociales, educación pública de calidad sin distingos de origen y, empleo para que no anden buscando ingresos en otras partes. A los adultos mayores les promete que en cuanto llegue a la presidencia recibirán el doble de pensión y ésta será universal, es decir, sin importar que estén pensionados por el IMSS o ISSSTE.

En alguna parte de su alocución se da cuenta que lo que dice no pasa por el análisis de los números, y advierte: Que todo eso será posible, porque le va a “bajar” el sueldo a los altos funcionarios y no permitirá más actos de corrupción. Con ello, los pobres podrán elevar su nivel de vida y ya no habrá ancianos de primera o de segunda. En pocas palabras, con López Obrador, la igualdad social está a la vuelta de la esquina.

Como todo líder populista, liga su discurso a los anhelos del pueblo, su pueblo que ha sido vejado por las oligarquías económicas y políticas. Se erige como redentor, para ello, se “cuelga” de las figuras de héroes nacionales con los que también se identifica la masa. Morelos y los Sentimientos de la Nación, Juárez en la Reforma, y al igual que el presidente oaxaqueño, su presidencia también será itinerante. De ahí que va a despachar desde La Montaña o de la Costa Chica de Guerrero (se cuidó de no mencionar a Acapulco más ligado a convenciones bancarias en el imaginario social). Obviamente, esto arrancó aplausos de los concurrentes en una plaza a medio llenar.

En el estrado, de pie a pleno rayo del sol, estaban los morenistas conversos, que minutos antes habían firmado el acuerdo para la unidad de la izquierda en torno al proyecto del mesiánico líder. Atrás había quedado la camiseta del Sol Azteca. Algunos de ellos, muy desgastados, otros sin bases, unos más sin poder sostener la cruz de la austeridad que pregona AMLO para el gobierno que encabezará en 2018, pero todos ansiosos de protagonismo.