Los dueños originales y sus artesanías

A mi nieto IAN, en su cumpleaños.

Mi madre, primera mexicana de la familia, hija de franceses, nació en la capital del país un Día de  Navidad (la recuerdo mucho en fechas como esta). Escritora, que deseaba que yo fuera pintora, no  perdía, sin embargo, ocasión de probar su debilidad por la medicina. Tenía una amiga que no usaba zapatos, la marchanta de las flores que nos surtía de colores cada semana en la calle de Zamora en Ciudad de México. Las llevaba como en cuadro de Diego Rivera, en su rebozo en la espalda. Platicaban un buen rato cada semana. En cierto momento la marchanta se lastimó un pie y no había manera de que sanara. Entonces mi mamá la sentó un día, se arrodilló junto a ella, le limpió bien la herida y le hizo una de sus curaciones: “Le va a arder, pero se aguanta, marchanta, y  ya verá”. Prendió una vela y le dejó caer una gota de “ambrina”. No sé lo que era. Pero le cerró la herida. En un diccionario dice que es epazote, pero no parecía. Todo esto para explicar de alguna manera que mi familia, europea, pero no española, quiso siempre a lo largo de la vida a los dueños originales de México y  viceversa. En  casa materna-paterna hubo siempre espíritu de clan. Ahí, como en la fábrica de mi  padre, la unión y el respeto mutuo, siempre reinaron. Con ejemplos así, sentí que la auténtica mexicanidad nunca debe contraponerse a los dueños originales de nuestro país. 

El sincretismo –conjuntar y armonizar corrientes de pensamiento e ideas, a veces opuestas– no fue el sistema de los españoles, como lo fue de los griegos bajo Alejandro el Grande, en Egipto, por  ejemplo, que no llegó a decir que sólo Grecia era lo máximo y arrasar con lo existente y a plantar sus  templos encima y no junto. No se debió en América Latina edificar una bella iglesia SOBRE un templo anterior ¡ay Cholula! so pretexto de ‘religión’. Después de todo, el gran Benítez probó la desaparición de 15 millones de dueños originales del territorio. Se trató del conocido hecho de saquear todo el oro posible, valorado en 700 mil ducados. Los españoles aportaron el  idioma y demás, pero… Los griegos, en cambio, integraban los conocimientos locales a los propios. Aplicaban un sincretismo que no se dio aquí.

MÉXICO HOY

Uno de los grandes aciertos del presidente Andrés Manuel López Obrador es tratar de reintegrar a los citados pobladores originales –de  diferentísimas tribus, 68 pueblos indígenas según algunos,  con 69 lenguas, mal llamados indios– y de reinsertarlos en la sociedad mexicana de la cual fueron los primeros creadores. Como siempre debió ser.  

Los españoles se llaman a sí mismos “conquistadores”, es decir gente –que según cualquier diccionario– extendió a través de operaciones militares sus dominios específicamente, según sabemos todos, para hacerse de las riquezas locales. Por desgracia las cosas no pueden cambiar por decreto, pero los mexicanos de cualquier extracción, que deseamos JUSTICIA Y HONESTIDAD   en nuestro país, debemos empezar por aplicarla nosotros mismos.

Hace unos días en Acapulco, por ejemplo, instalaciones de madera debidamente  autorizadas por las necesarias instancias de gobierno, invitaron a través de la Fundación por Guerrero A.C., con 18 años de existencia, a artesanos guerrerenses a exponer y vender DURANTE CUATRO DÍAS sus bellísimas artesanías, de las mejores de todo el país. FUE IMPOSIBLE.

En las redes sociales –no siempre benditas, estimado AMLO– unos mediocres desinformados hicieron escándalo “por razones ecológicas” que jamás antes les importaron. “Nuestros artesanos, que mueren de hambre en sus comunidades, venían por invitación… a una zona muerta”, explicó  su directora Margarita Mundo. Pero llorando tuvieron que irse con su bella mercancía, por la mezquindad de comerciantes envidiosos. Por esta razón nos queremos unir a Fundación por Guerrero, específicamente para que se defienda oficialmente el derecho de autor de los magníficos –y pobres– artesanos de Guerrero. Asimismo hay que invitar popularmente a comprar la artesanía de Guerrero, que no sólo tiene que ofrecer sus espléndidas y verdaderas playas, amén de un clima fuera de serie durante todo el año. Los falsos ecologistas deberían emplearse mejor.    

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