MÉXICO, DF. 27 de enero de 2015.- A exactamente 4 meses y 1 día de la ‘noche de los borrados’ en el municipio guerrerense de Iguala, uno de los sobrevivientes no logra expresar nada… se trata del normalista Aldo Gutiérrez Solano, de 19 años, quien el pasado 26 de septiembre recibió un disparo en la cabeza durante el ataque armado por parte del Estado en contra de los jóvenes y quien desde entonces lleva 123 día en coma.

 

En ese sentido, El Universal precisa que el proyectil que entró por la región frontal y salió por el lado derecho de la cabeza de Aldo le destruyó 65% de su cerebro, de forma que ahora el aspirante a docente permanece en estado vegetativo y bajo el cuidado médico de sus familiares en un hospital de al sur de la Ciudad de México.

 

“Todavía tengo mucho coraje contra esos cabrones con lo que le hicieron a mi hermano. Yo le traigo muchas ganas a ese cabrón que le tiró a mi carnal. Si lo viera haría justicia por mi propia mano. A veces me altero mucho con lo que pasó. Tengo una pistola calibre .22 en casa, y si no fuera por la atención psicológica que estoy recibiendo por parte del gobierno del estado ya hubiera salido a vengar lo que le hicieron a mi hermano”, clama Hugo César Gutiérrez, quien prefiere se omita el nombre del nosocomio donde el joven Aldo se encuentra internado.

 

Hoy en día, la familia Gutiérrez Solano está recibiendo aproximadamente 10 mil pesos mensuales por parte del gobierno de Guerrero para cubrir los gastos correspondientes a la manutención de Aldo en el hospital, quien es visitado cada semana por uno de sus 12 hermanos mientras el resto trabajan el campo en el municipio guerrerernse de Ayutla de los Libres.

 

“Tengo enojo con la vida, estoy herido por ver así a mi hermano Aldo, un hombre deportista al que ahora veo tan delgado y disminuido. Hay que bañarlo con esponja, hay que tomarle la presión, hay que ponerle sus donas para las escaras, moverlo, hacerle terapia. Parece que estamos viviendo una pesadilla de la que ya queremos despertar. Dicen los médicos que él sí nos escucha, por eso le pongo música en su cuarto; el grupo de rumba que le gusta” cuenta Hugo, el hermano mayor, quien espera pronta justicia para Aldo y sus 43 compañeros.

 

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