QUERÉTARO, Qro., 7 de agosto del 2019.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, incitó con su verborrea fascista y racista, los crímenes de odio contra mexicanos inocentes y pacíficos, por lo que el gobierno mexicano debe llevarlo ante el Tribunal de la Haya por genocidio, para que sea juzgado por el máximo Tribunal que fue instaurado, consideró el consejero de Morena, Alejandro Rojas.

En un comunicado, el también senador suplente de Morena advirtió que la masacre a sangre fría que ocurrió en un Walmart de El Paso, Texas, que cobró la vida de 22 personas, entre ellas ocho ciudadanos mexicanos, no debió ser calificada como terrorismo.

El Derecho Internacional, aceptado por la ONU, distingue entre el terrorismo y el genocidio, en el cual hay delitos transnacionales e internacionales. El terrorismo está incluido en los delitos transnacionales que no se sujetan a tribunales internacionales, sino a las legislaciones nacionales.

El genocidio, por otro lado, es un delito de lesa humanidad, que es la persecución criminal por motivos de nacionalidad, credo o raza, que se dirimen en tribunales o cortes internacionales.

Aunque el presidente Trump ya lo calificó como un crimen de odio, no es suficiente, mucho menos calificarlo como terrorismo. Eso es no decir las cosas por su nombre, dejando en riesgo letal a millones de mexicanos en los Estados Unidos.

El secretario de Relaciones Exteriores del Gobierno de México, Marcelo Ebrard, tiene que reclasificar estos crímenes arteros contra mexicanos como genocidio, -abundó el Rojas- porque de no hacerlo, está en los hechos demeritando la gravedad de los mismos y, lo más delicado, está renunciando a que los tribunales internacionales tomen medidas y juzguen al Presidente Donald Trump, en defensa de los mexicanos que están en riesgo de ser asesinados en cualquier momento.

No solicitar el castigo de quien promueve e incita el genocidio contra los mexicanos en territorio norteamericano, es dejar en la indefensión a millones de mexicanos que están en la mira –literalmente– por aquellos que se consideran superiores a nosotros y que buscan eliminarnos por la vía del genocidio.

Solicitar la extradición del criminal a México no tiene ningún sentido relevante en relación al crimen cometido, incluso, le salvaría la vida de ser juzgado en México. Eso es inadmisible y no es un tema propagandístico ni mediático. Es un tema de la protección y el salvar la vida a millones de mexicanos, porque la efectividad de los hechos, sin la más enérgica de las protestas internacionales, seguirá alentando a que se sigan cometiendo estos crímenes.

Lo más delicado es que éste sujeto, es uno más de una amplia organización de supremacistas, cuya misión es la persecución y asesinato de mexicanos, con premeditación, alevosía y ventaja, motivados por discurso racista de su admirado líder que los induce a cometer genocidio como consecuencia de haber incubado en ellos el odio racial contra los mexicanos.

Ese líder tiene nombre y apellido: el Presidente Donald Trump.

La historia se repite con las funestas consecuencias, tal como lo hiciera Hitler contra los judíos, tan sólo por serlo. Una barbarie que nunca más debió repetirse y es una vergüenza para la humanidad.

La ONU define claramente el genocidio como “un delito Internacional que comprende cualquiera de los actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, de manera sistemática, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal. Estos actos comprenden la matanza y lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo, sometimiento Internacional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial, medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo, traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo”.

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