Hace exactamente un año, México vivió una fiesta democrática: más de 30 millones de mexicanas y mexicanos eligieron por la vía pacífica transformar al país. El triunfo de Andrés Manuel López Obrador en la Presidencia de la República culminó con un proceso histórico de la democracia mexicana. La derrota del antiguo régimen coronó la lucha social y política que desde la década de los setenta anhelaba un cambio democrático. Aquella noche en el Zócalo de la Ciudad de México, llena de simbolismos políticos, significó el fin de la era neoliberal para dar paso a un proyecto nacional y popular.

Quienes emprendimos la lucha democrática, desde que el régimen impidió el triunfo de López Obrador en aquel infame fraude electoral del 2006, entendimos que el triunfo implicaba una gran responsabilidad política e histórica. Nuestro movimiento tendría la oportunidad de transformar de raíz la grave situación que prevalecía en México. Eliminando la corrupción, los privilegios y el dispendio que caracterizaron los regímenes neoliberales encabezados por el PRI y PAN. 

A un año del histórico triunfo de un candidato de izquierda en México, los cuestionamientos no se han hecho esperar. Es normal que ante la expectativa generada por el triunfo de Andrés Manuel, la ciudadanía estuviera al pendiente del desempeño de su gobierno. No se diga de los adversarios políticos que, ante cualquier asunto, señalan y culpan al nuevo gobierno de no resolver la situación en 7 meses, lo que ha llevado décadas arruinar al país. No obstante, como en cualquier régimen democrático, liberal y pluralista es necesario escuchar todas las voces y atender lo que deba corregirse.  

¿Qué ha pasado en 12 meses de la Cuarta Transformación?

Se recuperó la esperanza de una verdadera transformación de México. Una transformación real y profunda que ha comenzado a cimbrar las bases del viejo régimen fundadas en la corrupción, la impunidad y los privilegios. En estos meses de la Cuarta Transformación se ha atacado de manera frontal la corrupción que se protegía desde las altas esferas del poder. Desde el robo de gasolina hasta la defraudación fiscal a través de empresas fantasmas solapadas por el propio Servicio de Administración Tributaria, esto sin dejar de lado el jugoso negocio que implicaba la compra consolidada de medicamentos y su distribución o las ganancias muy poco claras derivadas de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco.

De manera responsable y sin estridencias políticas se han emprendido procesos judiciales contra aquellos funcionarios que lucraron con el puesto a través del influyentismo o, del total descaro, de tomar recursos del erario público. Tenemos los casos en curso de la presunta culpabilidad del ex director de Petróleos Mexicanos en malos manejos de la empresa pública o militares involucrados en el robo de gasolina. A pesar de que la gente, con justa razón, pide el enjuiciamiento de ex presidentes de la República o altos funcionarios de sexenios anteriores, las autoridades actuales han actuado con prudencia y apegados al debido proceso.

La reorientación del gasto público hacia programas sociales y el reajuste de las estructuras de gobierno para eliminar privilegios son medidas que sin duda cambiarán la situación de pobreza y desigualdad que prevalece en el país. Quienes estaban acostumbrados al dispendio en la administración pública, se quejan con amargura que se haya reducido el salario de la alta burocracia, eliminado el pago de los seguros de gastos médicos mayores y hasta la pensión de los ex presidentes.

La austeridad tiene un propósito fundamental: invertir en los programas dirigidos a jóvenes, adultos mayores, estudiantes, campesinos y todos aquellos sectores que viven en situación de vulnerabilidad. Esta acción de darle prioridad en la agenda a sectores marginados es algo incomprensible para quienes la pobreza es un tema secundario comparado con la competitividad del país y, con ello, darle gusto a las grandes corporaciones económicas.

Sin duda, en estos 12 meses también se han presentado retos y desafíos a la Cuarta Transformación. Por un lado, la percepción de inseguridad y violencia continua generando miedo y zozobra en gran parte del país. La incidencia delictiva y el número de homicidios se encuentran en niveles altos y la tendencia sigue incrementándose. Con el despliegue de la Guardia Nacional se espera contener los delitos de alto impacto y disminuir los actos violentos en todo el país. Pero de ello también dependerá que los gobiernos estatales y municipales cumplan con sus responsabilidades en la materia; así como, el poder judicial asuma el compromiso de impartir justicia de manera pronta y expedita.

Por otro lado, se han presentado indicadores económicos poco alentadores en cuanto a la dinámica de nuestra economía. Las calificadoras financieras y los organismos internacionales proyectan un bajo crecimiento económico para este año 2019; lo cual genera la percepción de un estancamiento o decrecimiento de la actividad productiva del país. Otros datos como la generación de empleo o la ejecución del gasto público muestran un bajo rendimiento en estos primeros meses del año.

Sin embargo, debemos destacar que la medición del desempeño de nuestra economía sigue los parámetros de administraciones anteriores. Lo que busca el gobierno de la Cuarta Transformación es generar beneficios en la base de la economía, en la gente a partir de los programas sociales. Incrementar los recursos económicos de las familias para mover las economías locales, el consumo en las tiendas de abarrotes, en los mercados públicos o pequeños negocios de la comunidad. Se está construyendo un nuevo paradigma económico a partir de fortalecer los ingresos de los que menos tienen.

En Guerrero, desde que asumimos la responsabilidad de legislar con justicia y emprender una nueva forma de hacer política, el Congreso ha dejado de ser la oficialía de partes del ejecutivo estatal. Hoy, a 12 meses de aquella elección histórica, seguimos refrendando nuestro compromiso de representar los intereses del pueblo guerrerense. Hemos dado voz a los que antes no la tenían, y hemos escuchado a quienes nunca habían sido tomados en cuenta. En Guerrero la Cuarta Transformación avanza a pesar de las inercias y obstáculos de quienes se sienten desplazados y despojados de sus privilegios. Los representantes populares de Morena seguiremos la misma dirección que dio origen a nuestro movimiento que es cambiar de raíz el régimen político y atender a quienes menos tienen.