Por Juan José Contreras Lara

La pandemia no da tregua, vamos de impacto en impacto cada día, descubriendo los alcances que tiene este fenómeno que, es obvio, no terminará en esta primavera, sino que consumirá, si bien nos va, el próximo verano, aunque en lo personal no soy muy optimista en este punto porque los propios científicos han advertido que Covid 19 será nuestro huésped para siempre, por lo que ponerle fecha al fin de la contingencia creo que resulta más que ocioso.

Este nuevo desafío mundial ha puesto a prueba a todos, sobre todo a los gobiernos, cuya capacidad reactiva en muy pocos casos ha sido oportuna y atinada. El caso mexicano es un ejemplo claro. Transitamos del manejo trivial del tema por parte de la investidura presidencial, a los poco convincentes exhortos, siempre salpicados con referencias a agravios políticos, de los últimos días.

México, como la mayoría de los países de Latinoamérica no cuenta con suficientes recursos e infraestructura hospitalaria, ya no digamos para enfrentar al coronavirus, sino siquiera para garantizar en un tiempo sin pandemia la real cobertura universal de salud que tanto se pregona, pero que en términos reales no existe.

Ello, sumado a un gobierno federal que en todo cuida centavos y descuida pesos y que en aras de su pelea contra los molinos de viento de la corrupción pasada, pierde de vista lo elemental, que es la el fortalecimiento y rescate real de un sistema de salud, nos lleva a la actual realidad que se enfrenta hoy en clínicas y hospitales: carencia de casi todo y recursos para casi nada.

Ante esta errática actitud federal, destaca por ello el trabajo que en varios estados han desplegado con sus diferencias y cada uno con su estilo, los gobernadores, quienes se enfrentan, aparentemente acompañados pero solos, a esta compleja problemática.

La cotidiana actividad que con intensidad se desarrolla en Guerrero por parte de la administración estatal, revela la claridad que desde los primeros días ha tenido sobre la epidemia el gobernador Héctor Astudillo Flores.

El Ejecutivo local no esperó que desde el centro salieran de su marasmo, sino que definió con oportunidad la estrategia que hasta el momento se lleva a cabo, que ha consistido en dar prioridad absoluta al tema, alinearse a las directrices generales de Salud a nivel nacional, racionalizar al máximo los recursos presupuestales e informar todos los días con transparencia y oportunidad.

Hasta ahora, los casos confirmados en Guerrero no se han disparado exponencialmente  y afortunadamente el número de muertes tampoco. No digo que esto signifique por sí mismo un triunfo definitivo, pero sí demuestra que lo que se hace está dando resultados y hay que hacer votos para que así  por lo menos se mantenga, aunque para ello es necesario el concurso de todos y eso es lo verdaderamente complicado. Ojalá no nos vaya tan mal.