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ACAPULCO, Gro., 28 de octubre de 2025.- El investigador de la Universidad Autónoma de Guerrero (Uagro), Salvador Villerías Salinas advirtió la urgencia de abrir un canal que permita el desfogue natural del agua pluvial hacia el mar, para mitigar las inundaciones que cada temporada afectan a las unidades habitacionales ubicadas en la zona Diamante, particularmente detrás del fraccionamiento Joyas del Marqués y en el área donde se ubican los campos de golf de los hoteles Pierre y Princess.
El coordinador del posgrado en Geografía de la Uagro, explicó que el crecimiento urbano desordenado en la franja costera en la zona Diamante de Acapulco, bloqueó el paso natural del agua que desciende desde la cuenca del río La Sabana y que atraviesa el canal meándrico de la laguna Negra de Puerto Marqués, lo que ha provocado recurrentes inundaciones en colonias y fraccionamientos construidos sobre humedales y zonas de amortiguamiento del cuerpo lagunar o del río de la Sabana.
“Se requiere abrir un canal de drenaje que conecte con la salida natural al mar, respetando el curso original del agua que atraviesa por detrás del campo de golf del Pierre y del Princess. Es una medida técnica posible que puede reducir de manera significativa el impacto de las lluvias y evitar pérdidas millonarias”, sostuvo en entrevista con Quadratín Guerrero.
Añadió que además de esa obra, es indispensable limpiar y desazolvar los canales y la cuenca de la laguna Negra de Puerto Marqués, ya que la acumulación de sedimentos, basura y vegetación muerta obstruyen el flujo del agua y genera represas artificiales.
“El mangle y los residuos sólidos retienen el agua y terminan provocando inundaciones en las zonas bajas. Hay que decidir si preferimos conservar los taponamientos o proteger la vida y el patrimonio de las familias”, advirtió.
Como informó Quadratín Guerrero, se lleva a cabo una obra para construir con arteriales permanentes el canal meándrico de la laguna que desemboca en playa Revolcadero, así como la tala de ejemplares muertos tras la devastación del huracán Otis y las inundaciones provocadas por John.
Villerías Salinas recordó que entre las zonas más afectadas están Rinconada y Luis Donaldo Colosio, el poblado Llano Largo y conjuntos residenciales como Joyas del Marqués y otros edificados sobre humedales rellenados.
Todos ellos, puntualizó, se encuentran entre uno y un metro y medio por debajo del nivel del cauce del río La Sabana, lo que obliga a utilizar bombas de achique para drenar el agua durante horas cada vez que llueve.
El investigador lamentó que, pese a los desastres dejados por los huracanes Pauline en 1997, Ingrid, Manuel en 2003, Otis hace dos años y John el año pasado, los Atlas de riesgo y planes de mitigación permanezcan archivados.
“Los fenómenos naturales no son nuevos, lo que cambia es el nivel de vulnerabilidad de la población y si no se recuperan los humedales ni se respetan los cauces naturales, las inundaciones seguirán repitiéndose”, concluyó.