Dimensión desconocida

¿Cómo se arregló el histórico viaje de Andrés Manuel López Obrador a la Casa Blanca?

Los pequeños detalles, invisibles a la luz de las notas informativas, dicen mucho.

El presidente confirmó que hubo un pacto para no hablar del muro fronterizo en público y las disonancias que sacan ronchas; un compromiso que Donald Trump cumplió al pie de la letra.

Las razones, según explicaron López Obrador y el canciller Marcelo Ebrard, partieron de algo simple pero fundamental en la diplomacia; centrarse en el acuerdo comercial denominado T-MEC, hacer públicas las coincidencias y dejar de lado las discrepancias.

Todos esos temas que algunos reclaman en los análisis sobre el encuentro, por ejemplo, el maltrato a migrantes, los insultos a la raza, las amenazas arancelarias, el trasiego de drogas, la seguridad, etcétera, fueron reservados para lo privado; públicamente los presidentes fueron a lo suyo; sonrientes para la foto, alegres con los “cebollazos” y mansos con los batazos. Ambos optaron por el pragmatismo, por la fuerza moral, no por la fuerza bruta.

De manera lateral, Roberto Velasco, director para América del Norte de la Cancillería, resaltó el tamaño justo de la comitiva mexicana, sin excesos como se acostumbraba en el pasado; todos fueron y volvieron en vuelos comerciales; adiós a los “hotelazos” de lujo y a las decenas de camionetas y carga portafolios. La visita a Washington fue el funeral el dispendio a favor del simbolismo, arraigado en el populismo.

Se impuso el sello de la austeridad republicana y se inauguró un nuevo estilo, una nueva manera de representar al país con decoro. Sin dispendio.

Todo bien planchado; sin arrugas…