CIUDAD DE MÉXICO, 8 de mayo de 2016.- La humanidad enfrenta una avalancha de aislamiento social, pues a pesar de tener acceso a más tecnología, niños y adultos están cada vez más solos, rodeados de mensajes que promueven la competencia, la rivalidad y el egoísmo, afirmó en la UNAM la Premio Nobel de la Paz 1992, Rigoberta Menchú Tum.

Por ello, aseveró, el planeta necesita mentes y mensajes positivos, que ayuden a construir la cultura de la paz, apoyados en la literatura infantil y el cine.

Al dictar una conferencia magistral en la Coordinación de Humanidades, aseguró que “el mundo requiere mentes y mensajes positivos que construyan cultura para la paz”, pues “mientras más tecnología existe, la humanidad está más aislada, enfrenta los delitos de lesa humanidad, la brutalidad que se comete en la calle todos los días, la violencia intrafamiliar…”.

La violencia, los mensajes de rivalidad y el egoísmo excesivo, añadió la también investigadora Extraordinaria de la UNAM, les llegan a los niños mediante cintas y videos que ven en sus computadoras y teléfonos celulares.

Esto ha sido razón suficiente para que haya incursionado en la literatura infantil y ahora busque hacerlo en el séptimo arte, ámbitos en los cuales se requieren propuestas que rescaten la cosmogonía de los pueblos indígenas.

La guatemalteca, también activista por la paz y los derechos humanos, criticó que la industria cinematográfica, por ejemplo, haya creado el estereotipo de los indígenas “como ignorantes, sucios, pobres e incivilizados, mientras su cosmovisión la reduce a brujería”.

Ante un auditorio compuesto por estudiantes, académicos y niños, la también embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO comentó que acudió a Nueva York para reunirse con parte del equipo que produjo la película Avatar, a fin de entender los motivos por los cuales hicieron esta cinta que, dijo, reprodujo dichos estereotipos.

Menchú Tum aseguró que se mantendrá cercana a proyectos educativos que incluyan valores como la multiculturalidad, pues forma parte importante del desarrollo de los pueblos.

La también defensora de los pueblos indígenas compartió que tras la muerte de su hijo Tz’unun –hace 18 años–, decidió dedicarse a la literatura infantil, basada en los principios de la cultura maya.

Primero escribió La niña de Chimel, donde narra su propia niñez y rescata códigos y valores que le enseñaron sus abuelos, además de recrear los templos y las montañas de la región en que creció.

El vaso de miel es otro de sus cuentos, en el que relata cómo es Chimel y las costumbres de la comunidad, pero también retoma aspectos del Popol Vuh y la arquitectura de los mayas.

La nota en Quadratín México.