OAXACA, Oax., 8 de diciembre de 2014.- Los padres de Christian Tomás Garnica Colón, uno de los 42 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos y de Edgar Andrés Vargas, herido por militares la noche del 27 de septiembre, llamaron a despertar conciencias, levantar la voz y exigir justicia para el pueblo de México.

En su intervención previo al Festival Voces por Ayotzinapa, realizado este domingo en el auditorio Guelaguetza de la ciudad de Oaxaca agradecieron la muestras de solidaridad que hasta ahora han recibido.

Nicolás Andrés Juan, padre de Edgar, uno de los estudiantes heridos por los militares y quien continúa hospitalizado, con una traqueotomía que no le permite ingerir alimentos ni hablar, dijo que “es triste ver las injusticias que se cometen con nuestro pueblo”.

Quizá porque el pueblo lo ha permitido, soportado y hemos tenido miedo de levantar nuestras voces y reclamar justicia para nuestros semejantes, señaló.

Por ello, y acompañado de Lucía Garnica y Juan Colón, padres de Christian, oriundos de Tlacolula, convocó a dejar atrás el miedo.

“Si queremos cambiar a la patria, debemos hacerlo desde nuestras, familias, desde los pueblos, los estados. Con nuestro sufragio ponemos a las autoridades para que nos gobiernen con justicia pero todo es lo contrario”, manifestó.

Ante un auditorio que coreó ¡no están solos!, el hombre originario de San Francisco del Mar, expresó su confianza de que cada día se unan más familias, mujeres, jóvenes, señores para proclamar justicia y que en el país no sigan ocurriendo hechos violentos.

La vida de Edgar dio un giro 

El 27 de septiembre, la vida de Edgar Andrés Vargas, dio un giro. De encontrarse cursando sus estudios en la Escuela Rural Normal de Ayotzinapa, hoy permanece en una cama de hospital, entubado sin poder comer ni hablar. Únicamente lo alimentan por sonda.

Su padre, Nicolás, cuenta que recientemente le fue practicada una operación para extraerle hueso del tobillo y reconstruirle el paladar, luego de que la noche en que desaparecieron 43 de sus compañeros, militares lo hirieron de un balazo en el rostro que lo llevó a estar al borde de la muerte.

El indígena huave del Istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, siente en carne propia las heridas de su hijo.

“Es muy triste verlo así cuando estaba saludable, fuerte, con un propósito y un proyecto de vida, cuenta”.

A Edgar le esperan al menos otras tres cirugías, mientras su padre continúa la lucha por que se haga justicia en la agresión que sufrieron los jóvenes,  mientras recuerda cuando alguna vez le pidió a su hijo no regresar a la Escuela Normal de Ayotzinapa a lo que el joven le suplicó que lo dejara cumplir con sus sueños.