Mala “racha” para quien fuera designado “el mejor alcalde del mundo”.

Agobiado por la sospecha de una revancha política,Marcelo Ebrard se defiende. Reta a Miguel Ángel Mancera a aclarar las fallas de la Línea 12 para deslindar responsabilidades… primero púbicamente, y de ser necesario, en tribunales. Le recuerda al Jefe del GDF que cuando fue Procurador bien dijo: “los instrumentos de la justicia son para hacer justicia, y no política”.

Mancera rechaza la provocación de su antecesor. “No veo ninguna posibilidad de un debate político cuando es un asunto de análisis jurídico y administrativo”, sentencia.

Pura jiribilla, pues.

El caso es que la investigación elaborada por Hiram Almeida Estrada, Contralor del Distrito Federal, es demoledora. Lo que inició como un rosario de problemas técnicos y de construcción se transformó en un gordo catálogo de dispendio y corrupción. Once auditorías realizadas hasta el momento revelaron sobrecostos, uso de documentos apócrifos, gastos sin comprobar, y desvío de recursos; el desfalco es de 627 millones, y contando… porque aún hay pendientes otros diez procesos.

Ebrard lo sabe. Su obra sexenal, su legado de gobierno, su línea (a)dorada, amenaza con transformarse en un ataúd de 24 mil millones de pesos. Por eso se engalla y planta cara a Mancera; asegura que todo fue legal… que tiene las manos limpias.

Hasta ahora, ninguna acusación oficial pesa sobre el ex Jefe de Gobierno. Todos los “muertitos” han sido cargados, primero, a Enrique Horcasitas Manjarrez –quién encabezó toda la construcción de la L12 y ahora prepara toneladas de lejía para lavar su manchado nombre– y a otros 32 funcionarios de medio pelo. En total se han impuesto ya 54 sanciones.

Para Horcasitas y su “banda”, no será fácil defenderse. La inhabilitación de 20 años contra el ex director del Proyecto Metro –nombrado por Ebrard– es sólo el inicio; lo peor vendrá cuando la Procuraduría del DF finque cargos por probables delitos graves contra quienes resulten responsables… y de rebote salpiquen a Marcelo, quizá por aquello del desvío de recursos.

En el fondo no hace falta acusar a Ebrard de ratero. El peso político y ético del gran desastre de la L-12 le cae encima. Al parecer, nadie puede quitarse de la cabeza que el máximo impulsor y por lo tanto primer responsable del proyecto era el propio ex Jefe del GDF.

La sombra de la trampa se cierne además en el peor momento, justo después de la debacle de Vanguardia Progresista –la corriente ebrardista– en la elección perredista… y el mismo día en que Marcelo anunciaba su intención de impugnar el cúmulo de irregularidades registradas durante la jornada del domingo pasado.

¿Ahora con qué cara podrá exigir limpieza electoral, cuando bajo sus narices se gestó un cochinero multimillonario?

A Marcelo Ebrard se le va el alma al suelo. Hasta el martes por la mañana aun aspiraba a encabezar el “Frente Amplio Antichucho” y hasta se ofrecía como el más viable candidato de unidad, para evitar la tan temida fractura perredista.

El escándalo de la L12 agotó los sueños de Marcelo y redujo su capital político a la mínima expresión. A estas horas, aquella alternativa que representaba en 2011 para hacer frente al embate priista, queda a años luz.

En este momento no hay futuro para Marcelo; el pasado lo abruma y el presente lo zarandea. Nunca imaginó que Miguel Ángel Mancera, a quien él encumbró, se convertiría en su pesadilla… a menos que el fuero de una curul plurinominal le espante las moscas, aunque su simpatía no le alcance ni para jefe de manzana en La Condesa.

Si la L12 no rueda, Marcelo, por ahora, menos.

BORREGAZO: Busco entre los nombres de los siete tiradores por las dos nuevas cadenas de tele abierta –revelado por Forbes– y no encuentro el de Carlos Slim, pero sí el de Germán Larrea… ¿Será que el líder de Grupo México mira a la TV que viene como una mina de oro, para ya no sacar el cobre?

@JoseCardenas1| [email protected]| josecardenas.com.mx