Aquel pintoresco rincón mexiquense, ya no es casi el paraíso.

En Valle de Bravo, el miedo recorre calles, plazas, jardines y fincas. La psicosis del secuestro y el asalto a casas habitación hace presa de vecinos, visitantes ocasionales y finsemaneros.

El Secretario de Gobierno del Estado de México, José Manzur, reconoce la crisis, “en este momento hay tres plagios en curso pero podrían ser más, hay quienes incluso hablan de siete”.

Como sea, las cifras dicen poco, la falta de confianza en la autoridad local, inhibe la denuncia. Para las familias afectadas los policías, estatales y municipales resultan sospechosos.

No es para menos, el Presidente Municipal, Francisco Reynoso, es un cero a la izquierda. Cuando habla la voz le sale de cartón. Desentendido del problema por incapacidad operativa, o por ineptitud, ha dejado todo en manos de otros, de hecho, su municipio es uno de los 13 que desde el lunes se quedaron sin uniformados.

Valle de Bravo fue incluido –de último minuto– en la lista de demarcaciones ocupadas por fuerzas federales so pretexto del proceso de adiestramiento y capacitación que al menos 500 policías van a recibir en el estado de Tlaxcala. 

Mientras, Valle de Bravo duele, alarma, pero en el fondo no es un caso aislado. La ola de violencia en el lugar se explica como todas las demás crisis de inseguridad en el país. La indolencia del estado ante el avance silencioso del delito, organizado y común, termina por destrozar a la autoridad municipal, subyugada por el dominio de las bandas criminales.

Valle, pueblo mágico, se había salvado de la violencia desatada en el Triángulo de la Brecha; la guerra entre Los Caballeros Templarios, Guerreros Unidos y Zetas por dominar la zona limítrofe del Estado de México con Guerrero y Michoacán, es plaga contagiosa.

Los focos de alerta podían distinguirse, al menos, desde abril pasado, cuando la Secretaría de Marina anuncio la instalación de una base naval en la zona del lago, sin embargo, la crisis le ganó la carrera a los planes oficiales.

Peor aun, la emergencia por secuestros es otra muestra de la descomposición institucional del Estado de México. La realidad del sur de la entidad no es muy distinta a la de municipios del oriente o del norte, en donde el crimen sigue operando a sus anchas.

A cuatro meses de la llegada de Damián Canales a la Secretaría de Seguridad Ciudadana con todo el apoyo del Gobierno Federal, las cosas no terminan por cambiar. El Estado de México ocupa el segundo lugar nacional en secuestros, solo por detrás de Michoacán, y con una tendencia mensual que no logra moverse. Hasta junio, las autoridades tenían registrados 91 plagios, 18 tan solo en el último mes.

En homicidios y extorsiones, los mexiquenses siguen ocupando el primer lugar y aun cuando la incidencia se ha reducido, el miedo y la desconfianza siguen intactos.  

La alarma es múltiple por muchas razones. Se trata del estado económicamente más poderoso del país, con un andamiaje institucional que podría pensarse sólido. Es el estado más cercano al Gobierno Federal en afecto y operación… pero ni eso puede hacer frente a décadas de podredumbre y corrupción. 

Dios salve a Valle de Bravo, que está re bravo.

AVISO OPORTUNO: Este Monje sale huyendo antes de volverse más loco, pero amenaza regresar el lunes 25 al claustro de costumbre. Descansen de él.

@JoseCardenas1 | [email protected] | josecardenas.com.mx