CHILPANCINGO, Gro., 10 de octubre de 2014.- Redoblan las campanas de la Catedral de Chilpancingo. Son las 18:00 horas. Los maestros se encuentran a escasos metros en su plantón en el Zócalo de la ciudad para exigir la aparición con vida de los 43 normalistas desparecidos. Del otro lado, activistas del #YoSoy132 y de otras organizaciones, montan parada para acopiar víveres para los familiares de los estudiantes.

El padre Benito Cuenca, cerca de los 60 años, empieza su oficio en Catedral recordando los hechos trágicos de Iguala. Adentro, la iglesia está a tope. Impera el olor a incienso. Murmullos y rezos cesan. Ahora, sólo la voz el padre Benito se escucha. Su panegírico versa sobre la violencia.

Todo el mundo en la capital de Guerrero habla de los muchachos normalistas y el padre Cuenca, no es excepción. Finalizada la misa, el padre Benito Cuenca accede a la entrevista con Quadratín México.

Su voz es sosegada. Habla como si estuviera en el púlpito. La charla se realiza en la diócesis, donde destaca una pequeña bandera de las Tres Garantías. En esta catedral, el Siervo de la Nación, José María Morelos, hace 200 años leyó los Sentimientos de la Nación, un documento de 23 puntos, considerado uno de los textos políticos más importantes en la historia del país.

–¿Como está la comunidad después de los hechos de Iguala el 26 y 27 de septiembre?

–Debo empezar diciendo que es lamentable lo que vivimos, y la Iglesia desde el principio siempre ha puesto de manifiesto su condena a estos hechos. Con el ánimo de su esclarecimiento. Sin duda alguna, asombró a la comunidad por la cercanía con Ayotzinapa. Pero a medida que se dan los acontecimientos, la comunidad está temerosa qué vaya a pasar, sobre todo por las manifestaciones, hasta el grado de suspender clases, no laborar en el gobierno… La comunidad necesita encontrar una respuesta a esta sociedad tan necesitada de la verdad. Por eso mismo, primero, nuestro papel como pastores es ir ayudando a la feligresía a que no desespere. Segundo, apoyar a los que están sufriendo pero también a las familias que viven en la zozobra. Ya van once dìas y no sabemos nada de ellos.

–¿Ha tenido contacto con familiares?

–Tuve la fortuna el viernes, el día de los hechos violentos, de tener a los Avispones en el templo. Vino el director técnico para pedirnos una bendición para iniciar el torneo en Iguala y yo saludé al chico que le quitaron la vida. Ellos se fueron contentísimos y gracias a Dios que no fueran más los afectados.

–¿Un antes y un después de estas desapariciones y asesinatos?

–El pueblo de Guerrero vive en un ambiente de zozobra por la violencia. Sabemos que el crimen organizado está permeando todo el estado, pero jamás pensamos que se llegara hasta estos extremos. Esto es lo preocupante y doloroso y por eso, así como el pueblo es solidario, exigente, hoy tienen el derecho de exigir la verdad. La violencia genera más violencia. Los manifestantes tienen que crear mecanismos de participación para resarcir el tejido social que está muy lastimado, dice tocándose al alzacuellos blanco.

–El pueblo está apuntando al gobernador Ángel Aguirre. ¿Qué le parece?

–Cuando la sociedad se manifiesta y hace este tipo de señalamientos es que algo hay. Hay que ver si las acusaciones están fundamentadas. Pero algo hay. Nuestra gente ya no confía en las autoridades y eso es lo más preocupante, por eso lo expresa, lo grita. Cuando la gente lo expresa hay que atenderlo.

–Los sacerdotes de Guerrero, ¿han tenido coacciones, amenazas?

–Nosotros sí. Acaban de asesinar a un sacerdote de la diócesis de Altamirano. Parece que el móvil es el mismo. No ha habido una verdad convincente, responde el padre Benito, cuya sótana está colocada en el respaldo de una silla.

–¿A usted le han amenazado?

–Amenazas no, pero nos cuidamos de todos. Eso es lo que decimos a la autoridad, que sea un estado seguro.

–¿Ha tratado con sicarios o integrantes del crimen organizado en confesiones o en la Iglesia?

–Directamente no, porque llegan en calidad de desconocidos. Solamente nos dicen de su vida. Algunos realmente, buscan resarcirse del daño que están haciendo. Se acercan porque están tan dañados en su conciencia y buscan algún lugar donde puedan ser escuchados y comprendidos, y en su caso, de acuerdo a la fe que manifiestan, todavía recuperar la confianza en un dios misericordioso que tenga compasión por ellos. Y para eso estamos. Dios no puede condenar a este tipo de gente. Si realmente encuentra o entra en proceso de conversión no se le puede negar. No juzgar ni condenar, escuchar. Te dicen “yo no sé ni tengo perdón de Dios, pero escúcheme”. Dios no puede ser injusto. No es un dios implacable, es un padre, y su primera actitud es la misericordia.

–¿Por qué personajes como el Cardenal Norberto Rivera no se están pronunciando, no es el momento que vengan?

–En ese aspecto tienes razón. Ha hecho más falta presencia de personajes de este tipo para hacer cercana esta institución y a nivel mediático serviría.

–Pero ¿no cree que falta apoyo de las instituciones eclesiásticas?

-Quizás tengas razón, a lo mejor el Cardenal debió haber venido para solidarizase más, estoy de acuerdo. Pero no quiero decir que sean insensibles al no venir. Entiendo que deben estar tomando cartas en el asunto.

–¿Se sienten apoyados por los hermanos en la ciudad de México? ¿Cree que se podría hacer mas?

–Si podrían hacer más, pero no sólo aquí sino en todo el país. Cada uno asume su responsabilidad y todos podemos hacer más. Finalmente que sí falta más presencia de la Iglesia en otro nivel. Sí estaría bien que el Cardenal viniera a solidarizarse, la gente lo escucharía. Que se acerque al dolor esta gente, ¿por qué no? Si los que están sufriendo sintieran que un personaje así está interesado, es bienvenido. Además nos apoya a nosotros. Y su presencia nos haría más fuertes. No estaría mal. Ya le digo, ojalá venga.