Pasan las horas y las denuncias se multiplican. Prensa, radio y redes sociales reproducen testimonios de la noche infernal del 20 de noviembre…

Victimas del tolete y la mentada, los testimonios de Layda Negrete (http://www.animalpolitico.com/blogueros-blog-invitado/2014/11/21/escudos-toletes-y-patadas-nos-sacaron-de-la-marcha/) o Juan Martín Pérez (http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2014/11/21/narra-director-de-redim-agresion-de-policias-contra-el-y-su-familia-3402.html) son apenas dos botones de muestra del abuso policial. Ambos fueron objeto de golpes, insultos y vejaciones en calles que confluyen al Zócalo, pero en puntos muy alejados del choque entre policías y anarquistas.

Las versiones coinciden. Los vándalos llegaron por la esquina sureste de la Plaza de la Constitución, donde se juntan las calles de Corregidora y Pino Suarez; las imágenes televisadas aquella noche confirman que fue en ese punto, donde comenzó el pandemónium.

Por alguna razón, ni granaderos capitalinos ni policías federales encapsularon a los atacantes, por el contrario, permitieron su dispersión por toda la plancha de concreto y comenzaron a perseguirlos.

Podría entenderse, aunque no justificarse, que en la confusión las fuerzas del orden hubiesen podido atropellar e incluso detener por error a algunos inocentes. Sin embargo no es creíble que los uniformados hayan cruzado toda la plaza y en calles como Madero y 5 de Mayo hayan arremetido contra mujeres indefensas, personas de la tercera edad, padres y madres con hijos en brazos y carriolas.

¿La furiosa horda policiaca sólo barrió con lo que pudo, cegada por la adrenalina derramada por pirómanos y lapidarios?

El mismo guión fue escrito y estrenado el 1CDMx. En aquella ocasión, el abuso de poder de los cuerpos de seguridad desató un escándalo de tal magnitud, que la Asamblea Legislativa del DF decidió cambiar el Código Penal Local para suavizar las penas por el delito de ataques a la paz pública y controlar el daño a la imagen de la autoridad represora.

Ahora, otra vez, la policía carga con el peso de la culpa y los gobiernos, federal y local, enfrentan la sospecha de haber ordenado reprimir una manifestación pacífica.

El abuso evidente –según testimonios– no solo pone en tela de juicio la legitimidad del uso de la fuerza, cuestiona además la responsabilidad de los detenidos aquella noche y su traslado a prisiones federales en Nayarit y Veracruz para enfrentar acusaciones por motín, asociación delictuosa y homicidio en grado de tentativa… nada más faltó el delito de terrorismo.

Familiares, compañeros y organizaciones defensoras de los derechos humanos ya echaron a andar la estrategia de defensa a través de los medios. Seis detenidos son estudiantes universitarios, uno de ellos, Laurence Maxwell de origen chileno, estudia posgrado en Filosofía y Letras, y Atzin Andrade, arte en La Esmeralda. Los demás, asisten a la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM… entre los consignados también hay una madre soltera y un desempleado quienes al parecer estuvieron en el lugar equivocado a la hora equivocada.

Un centenar de oenegés calientan el caldo de la inconformidad por las “arbitrariedades” policiacas cometidas contra los “inocentes”.

La credibilidad de la autoridad queda en entredicho… y la PGR no tiene margen de error para acreditar la participación de los detenidos en los hechos de violencia disfrazada de protesta.

¿y usted #DeQueLadoSePeina por el #20NovMx?

EL MONJE LOCO: El secretario de Gobernación adelanta: espérense al jueves cuando el Presidente anuncie “cambios contundentes” en todo aquello que no camina bien materia del Estado de Derecho, fortalecimiento municipal, procuración de justicia y combate a la corrupción, tan urgente en tiempos de sospechosísmo… ¿Peña Nieto repartirá más regaños?; dicen que anda muy, pero muy enojado…

@JoseCardenas1| [email protected]| josecardenas.com.mx