Cinco meses después, la noche triste de Iguala revive con algo más que consignas. La batalla campal del martes en Acapulco alimenta la protesta radical; engorda el caldo de la denuncia contra la injusticia, la represión y el abuso policial, como se vio en las marchas del jueves.

 

Los maestros de Guerrero juegan a las vencidas con el gobierno; administran la protesta contra la reforma educativa vitaminada con la bandera por los 43 de Ayotzinapa. La CETEG ponen a prueba la credibilidad de las autoridades; confronta la dudosa versión oficial de la violencia ocurrida en Acapulco con la sospechosa verdad de las víctimas; descalifica el informe de la autopsia al cadáver del profesor Claudio Castillo Peña.

 

¡Fueron toletes!, insisten y suman a la tragedia graves acusaciones; que cuatro maestras fueron violadas; que doce maestros están desaparecidos.

 

La denuncia es dinamita; une la supuesta brutalidad policiaca con la actuación criminal de los uniformados en Iguala y Cocula; marca similitudes con los disturbios de San Salvador Atenco, en mayo del 2006. El mensaje es claro: el Estado autoritario no cambia, los métodos son los mismos, y la represión, sistemática… y eso “vende” mucho aquí, y fuera de aquí.

 

La solución del conflicto –reclamada por empresarios y comerciantes guerrerenses al borde la quiebra– estará muy lejana hasta en tanto las fuerzas del Estado se hallen entrampadas, incapaces de llenar el vacío de la incredulidad.

 

Cierto. “Los límites de los protocolos policiacos están definidos por el mantenimiento del orden en el marco del derecho mediante acciones para garantizar la gradualidad del uso de la fuerza con respeto a los derechos humanos”, explica Enrique Galindo, Comisionado General de la Policía Federal… pero cuando los manifestantes, –armados con tubos, palos y piedras– utilizan un  autobús como arma letal contra los policías –hirieron a siete–, el protocolo de la reacción escala; borra la delgada línea que separa  el uso de la fuerza del abuso de la fuerza.

 

Mientras no quede claro precisamente el marco de operación policial, la palabra oficial será impugnada por quienes administran la protesta.

 

Es innecesario preguntar si este es el cuento de nunca acabar; mejor averiguar cuándo y cómo empezó este cuento.

 

EL MONJE LOCO: Según el Secretario de Educación, el Gobierno Federal intervendría las escuelas de Michoacán, Oaxaca y Guerrero. El cambio de estrategia sería radical, tardío y provocador. Radical, porque va contra el vicio de negociar la ley en los sótanos de Bucareli. Tardío, porque la dirigencia docente ya tiene las alforjas rebosantes. Provocador, porque la solución sólo atizaría el fuego del problema.

 

@JoseCardenas1| [email protected] | www.josecardenas.com