El libro de texto de la política mexicana contiene un concepto básico. Es una medida de emergencia; una especie de extintor de incendios para utilizarse sólo en situaciones de desastre.

La tesis fue patentada por Andrés Manuel López Obrador; empleada por El Señor de las Ligas, el impresentable Profe René Bejarano; retomada por el panista Luis Alberto Villarreal por el caso de “los moches”; usada por Marcelo Ebrard en el “desastre” de la Línea 12 del Metro… y ahora por el ex gobernador José Murat Casab para remediar los estragos causados por la bomba que le han lanzado desde La Gran Manzana.

El oaxaqueño no necesitó mucha creatividad. Se asume como víctima y repite el mismo argumento del Presidente de la República y del secretario de Hacienda a propósito de los escándalos inmobiliarios de por las casas de Las Lomas y Malinalco.

Esta vez –con tapujos– dijo que el reportaje publicado por The New York Times (NYT) es un ajuste de cuentas de “intereses poderosos” como represalia por haber promovido el Pacto por México, del cual surgieron las reformas estructurales que afectaron a un importante magnate del sector de las telecomunicaciones –accionista del periódico neoyorquino– resentido con el Gobierno?.

Otras versiones cocinadas en el horno priista dicen que el verdadero objetivo de las reporteras Louise Story y Alejandra Xanic, autoras de la investigación, es descarrilar la eventual candidatura de Alejandro Murat –hijo de Don Pepe– al gobierno oaxaqueño. ¿Será para tanto?

El asunto es que la trama de sofisticadas maniobras para comprar y disfrazar la propiedad de inmuebles parece apoyarse en un sólido trabajo documental. Según NYT, los Murat son dueños de un departamento en el Time Warner Center de la calle 55 West en Manhattan y otros más en los estados de Utah, Texas y Florida.

José Murat tiene el derecho y el deber de defenderse hasta las últimas consecuencias, y si en verdad fue agraviado, demandar a las periodistas, al influyente medio estadunidense, y señalar las malas mañas de quien haya movido los hilos. Si no lo hace, quedaría en ridículo.

Al mismo tiempo, el sentido común nos llevaría a pensar en la necesidad de abrir una amplia investigación sobre los haberes del ex mandatario oaxaqueño, su situación patrimonial antes y después de su labor pública, y determinar si sus ingresos corresponden con sus gastos. Pero resulta que nuestras leyes no sirven para eso; ninguna instancia tiene atribuciones para escudriñar en las cuentas de Murat o de cualquier otro político. La única vía sería pedir la intervención del Congreso del Estado de Oaxaca para abrir la indagatoria, lo cual pronostica de entrada un resultado incierto.

EL MONJE LOCO: Se fueron los maestros oaxaqueños; eso sí, nos dejaron una flor de nomeolvides y una embajada plantada en el Monumento a la Revolución… por si se ofrece.

@JoseCardenas1| [email protected]| www.josecardenas.com