Gobernadora

El arribo de Evelyn Salgado Pineda al gobierno del estado de Guerrero, tierra de “hombres bravos y de acero”, dijera uno de nuestros himnos, es un hecho histórico de suma importancia local y a la vez de mucha responsabilidad para ella y para todos.

Cuando escucho en la tribuna a esta guerrera que nació en este sur de mar y montaña, cuando la miro desde su fragilidad natural y belleza, no deja de sorprenderme su capacidad, su fortaleza, su arrojo y su inteligencia.

Su llegada al poder por el voto masivo de los guerrerenses, hombres y mujeres mayores de 18 años, es haciendo una atrevida analogía, como la incursión de las primeras sufragistas en la historia hace un poco más de 170 años en Estados Unidos.

Esto también me dice que muchos cambios han ocurrido aquí en la entidad para que la historia entrara por la alfombra roja a este terruño donde se cantaba y canta “ya te he dicho que no vayas/a traer agua al pozo jondo/a traer agua al pozo jondo/por que allá andan los muchachos/por que allá andan los muchachos/ te pueden brincar al chongo”.

Y Evelyn entró por la puerta grande levantando la lucha por la inclusión y la discriminación con sus ideas largas, profundas, tocando la llaga que duele a las mujeres de este país, el comercio de niñas en La Montaña y la Tierra Caliente de Guerrero, solapada por autoridades corruptas amparadas en los usos y costumbres.

“Eso debe terminar, eso no debe de existir y no se debe de escudar en usos y costumbres algo que sea violación a los derechos humanos de las mujeres. En Guerrero se van a respetar a las mujeres y sus derechos, nuestras niñas y sobre todo en La Montaña. Vamos a trabajar y nos vamos a meter de lleno en este tema”, dijo en su primer discurso como gobernadora.

No es mi intención ponerme profundo. Más bien quiero destacar algunos temas que relucieron en la fiesta cívica que este sábado reseña la prensa, cada quien desde su línea editorial, cada quien con sus filias y fobias, uno el discurso, otra, el enviado del presidente de la República, el secretario de Marina, almirante José Rafael Ojeda Durán.

Al relevo de gobierno en el convulsionado estado que hoy toca gobernar a Evelyn Salgado Pineda, la ciudadana que ganó con una diferencia de 60 mil votos adelante de su más cercano rival, no fue un civil, fue el representante de una fracción de las fuerzas armadas del país, que ha enfrentado con firmeza la delincuencia organizada en Guerrero y el país.

No fue el secretario de la Defensa Nacional, el general Luis Cresencio Sandoval González, que representa a aquí una fuerza severamente cuestionada por su acción represiva durante décadas en el estado, en contra de luchadores sociales de la izquierda que también exigen esclarecimiento sobre su participación en los lamentables hechos de Ayotzinapa.

Ni siquiera fue enviado en representación del Poder Ejecutivo a la trascendental ceremonia, el guerrerense con más poder dentro de la Sedena, el general de división Agustín Radilla Suástegui, subsecretario de la Defensa Nacional. La representación de AMLO en la ceremonia tiene mensaje.

Difícil tarea la de la gobernar Guerrero, “no es un día de campo” AMLO dixit, será complicado pero no imposible para Evelyn Salgado, quien poco a poco, para su bien, deberá ir soltando marras para iniciar la travesía con buenos vientos, quitarse sombras y caminar por sí misma con todo el potencial y capacidad de aprendizaje que ha mostrado tener en los últimos meses.

Los que votamos por ella tenemos muchas expectativas en que por primera vez se haga realidad un gobierno de izquierda en Guerrero. Mucha la esperanza del pueblo pobre y también mucha confianza en que tenemos ¡gobernadora!