La Universidad Autónoma de Guerrero durante la rectoría del doctor Javier Saldaña Almazán ha tenido un crecimiento notable, ya que ha remontado aquellos vestigios de ineficiencia, desacuerdos y discordias que la caracterizaron durante décadas pasadas. Fueron tiempos en que prevalecía el envalentonamiento para dirimir toda discrepancia y querella. Rubén Figueroa encabezaba a los rudos y Rosalío Wences Reza al frente de los rijosos que renunciaban a no dejarse pisotear por el poder político del otro.

A la distancia hoy no deja de parecer una epopeya aquella en que la Universidad sobrevivió a la intención del gobernador por alinear a la Máxima Casa de Estudios a los dictados de su puño: entonces no  eran palabras de cortesía las que proponían compromisos con el Rector, sino puñetazos acompañados de sanguinarias amenazas.

Pablo Sandoval Ramírez escapaba a campo traviesa para salvar el pellejo. Y al profesor Fernando Pineda Méndez se le acusaba de ser delator de las circunstancias, por lo cual también tenía que huir del estado para protegerse de sus malquerientes adversarios. Mientras Mario García Rodríguez padecía en la cárcel las frías rejas de Hogar Moderno: presidio impío, libertad cancelada. Había sido Mario uno, -quizá el pionero-, de los que se lanzarían a las calles encabezando multitudes para protestar contra el mal gobierno y aprovechar para vandalizar los edificios a su paso y romper los vidrios de aparadores a los que culpaban de ser exhibicionistas del capitalismo y muestra palpable de la usura explotadora del proletariado.

Aquellos acontecimientos fueron la noche oscura de la UAG: uno de los muchos callejones sin salida que tuvo que sortear. El régimen todopoderoso -de partido único, indivisible- asestaba cachiporrazos demoledores reteniendo el subsidio federal y dejando sin nómina y sin recurso económico a los traviesos estudiantes. Para lo único que alcanzaban los fondos eran para la huelga de hambre, porque no se comía; mientras en palacio los políticos festejaban el sometimiento a que reducían a miseria el espíritu rebelde de los universitarios.

Herón Varela regenteaba el PRI estatal -viejo, cimarrón, falsario-, reía ruidosamente cada que propinaba un descontón al tal Rosalío. Por lo cual Wences marchaba a la ciudad de México: lo querían los estudiantes, Dios lo protegía: era un hombre santificado o como un zorro blanco inteligente, evasivo y fugaz: nunca le pasó nada: cruzó el camino del desierto y llegó a la rivera del pantano ileso.

La Universidad Autónoma de Guerrero es vanguardia y evolución, es delantera, avanzada de la sociedad civil de Guerrero. Su encargo con esta generación es una obligación, no un juego de suertes para ver quien recoge los desechos. Por lo mismo el Gobierno Federal, la Secretaría de Hacienda encargada de administrar el presupuesto de la Universidad no debe jugar con los recortes al gasto corriente de los universitarios; porque de su solvencia económica dependen los programas de preparación académica, becas para indígenas que se han matriculado, crecimiento natural del número de estudiantes, y el costo de los instrumentos que la ilustración demanda. La Uagro es cimiento humanista de la mejor estirpe de Guerrero.

 

PD: “Muera la Inteligencia”: José Millán-Astray.