Media Luna Deja huella por el planeta con niños de Eduardo Neri
CHILAPA, Gro., 3 de septiembre de 2026.- Las mujeres del pueblo nahua Mexcaltepec Uno de este municipio prefieren no tener hijos ante la violencia y marginación que padecen desde 2015 y desde el año pasado optan por el uso de métodos anticonceptivos para la planificación familiar.
Así lo aseguró Honoria Marcos Saldaña, quien es una de las tres parteras tradicionales de esa comunidad de no más de 500 habitantes, quien en lo que va de este año dio consulta a sólo seis mujeres embarazadas y auxilió en labores de parto a una sola mujer que parió en julio pasado.
Honoria recordó que en 2025 dio acompañamiento a 36 mujeres embarazadas, pero este año, afirmó, han nacido cuatro niños de esa localidad: dos en un hospital de Chilapa, uno más con ella y otro ante el único partero hombre de la comunidad.
A pesar de la poca atención a mujeres embarazadas, Honoria Marcos mantiene firme sus conocimientos ancestrales en partería y anhela prepararse y capacitarse más, porque en su pueblo no hay Casa ni Centro de Salud desde hace tres años, debido que el Ayuntamiento retiró el pago a la única enfermera que acudía a la comunidad.
Además, los hechos violentos que constantemente ocurren en la zona ahuyentan a los médicos.
Mexcaltepec Uno está ubicada al sur de Chilapa y geográficamente se localiza en medio de las comunidades de Xicotlán y Alcozacán, donde la violencia escaló en enero de 2020 con el asesinato de 10 músicos indígenas.
Desde ese año a la fecha son constantes los hechos de violencia, como en mayo pasado cuando los días 7, 8 y 9 hombres armados atacaron con explosivos y a balazos a las comunidades de Tula, Xicotlán y Alcozacán provocando el desplazamiento de más de 800 familias.
El Consejo Indígena y Popular de Guerrero-Emiliano Zapata (Cipog-EZ) ha denunciado el asesinato de 80 indígenas y la desaparición de 25 personas desde 2015 en esta zona de Chilapa, y las comunidades aledañas como Mexcaltepec Uno se ven afectadas indirectamente en cada hecho violento.
Con la suspensión del transporte público se cancelan las clases por falta de traslado de los maestros, se escasea el trabajo porque los pobladores temen por su vida y no pueden salir hacia las ciudades como Chilapa, Tlapa o Chilpancingo.
La violencia es el fenómeno que en los últimos años ha modificado la vida de los habitantes de Mexcaltepec Uno, campesinos y artesanos, pero la falta de acceso a la salud es una situación que ha permanecido siempre.
Honoria recordó que fue hace 20 años, durante su segundo embarazo, cuando se vio obligada aprender técnicas de partería por la falta de médico en su comunidad.
Honoria viajaba al poblado de El Jaguey, ubicado a unos 40 minutos de Mexcaltepec Uno, para atenderse con una partera en el desarrollo de su embarazo, y ella le sugirió aprender sobre partería para ayudar a su comunidad.
Desde hace 20 años, Honoria ha auxiliado a mujeres embarazadas en Mexcaltepec Uno y forma parte de las parteras de la Casa de Atención a la Mujer Indígena (CAMI) en Chilapa, un grupo de entre 20 y 30 mujeres sabias tradicionales que apoyan al control prenatal y atención de partos a mujeres de comunidades indígenas.
Sin embargo, afirmó Honoria, ha encontrado que las mujeres indígenas de Mexcaletepec Uno han optado por no tener hijos “por toda la situación que está pasando” y ahora, ella como partera, también se ha convertido en gestora y ha alzado la voz por las mujeres de su comunidad.
Honoria ha enviado escritos de su puño y letra a la secretaria de Salud de Guerrero, Alondra García Carbajal a quien en dos ocasiones le ha solicitado que las apoyen con métodos anticonceptivos para esa comunidad y hasta la fecha no ha tenido respuesta.
La decisión de las mujeres por no embarazarse surge porque en esas comunidades varias madres de familia han quedado viudas ante los asesinatos y desapariciones de hombres y jóvenes desde 2020.
También frenan la maternidad ante la falta de médicos y enfermeras en Mexcaltepec Uno, donde la población acude atenderse al pueblo vecino de Xicotlán, caminando o pagando un viaje a Chilapa, con un costo de mil pesos.
Honoria lamentó que ante la falta de médicos en su comunidad, las mujeres tampoco tengan interés en aprender la partería, ya que actualmente ella sólo capacita a una de sus nueras para que continúe el legado de los conocimientos ancestrales.
Además, indicó que desde hace tres años las instituciones de salud dejaron de impartir capacitaciones a las parteras de la región.
La última invitación que recibió para un taller de capacitación fue en mayo de este año ante la presión de atender la situación de violencia que se vivía en la zona, pero ella no pudo acudir a Chilapa por la falta de transporte y la inseguridad que se vivió en esos días.
La coordinadora de la Casa de la Mujer Indígena Zihuachikauac, Gady Aleli Dircio Chautla afirmó que la labor que hacen las parteras tradicionales es prioritaria en comunidades indígenas, porque son las primeras que asisten a otras mujeres en obstetricia ante la falta de médicos y enfermeros.
Sin embargo, afirmó que las parteras y parteros tradicionales carecen de reconocimiento en un ámbito donde el Estado mexicano debería garantizar el derecho a la salud.
La activista indicó que las instituciones de salud no garantizan el servicio a las comunidades y deberían vincular el trabajo de las parteras entre la medicina y los conocimientos ancestrales, y reconocerles su labor con un estímulo económico, sin someterlas a un sistema de salud, sino respetarles su cosmovisión y sus saberes ancestrales.
El gobierno federal anunció el reconocimiento de las parteras tradicionales en el país con la Estrategia Nacional de Partería. En mayo se informó que la Secretaría de Salud federal instaló el Comité Nacional de Partería y la dependencia prometió cinco mil 161 plazas para parteras en el sistema público como parte de la estrategia para fortalecer la partería profesional y tradicional, y mejorar la salud materna.
En contraste, las parteras tradicionales como Honoria no sienten el apoyo ni reconocimiento, debido a los múltiples requisitos que les exigen para ingresar al Registro Nacional de Partería, uno de ellos es saber leer y escribir, cuando varias de las parteras no fueron a la escuela por falta de aulas y maestros en sus comunidades.
Además, lejos de reconocer los saberes ancestrales que las parteras adquirieron a través de sus abuelas, madres, suegras o ancianas de su comunidad, las instituciones de salud insisten en capacitarlas en temas como nuevas masculinidades, o violencias de genero con la intención de desaparecer las prácticas empíricas y alinearlas a la Norma Oficial Mexicana (NOM) 020.
En esa norma, se les exige a las parteras un registro o certificados de nacimiento de los bebés avalado por un doctor del sistema de salud, lo que garantizaría que el nacimiento de un bebé ocurrió en una unidad médica y no en la comunidad con una partera tradicional.
Actualmente en Guerrero hay dos mil 608 parteras tradicionales, según el censo del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva de la Secretaría de Salud federal, pero la dependencia en Guerrero reconoce sólo a mil 27 parteras y ubica a 667 en La Montaña, 313 en Costa Chica y 47 en Acapulco.
Varias parteras del estado participan en un amparo colectivo contra la Secretaría de Salud federal en la búsqueda de eliminar algunas reglas de la NOM 020, al considerar que esa norma violenta la forma de trabajo de las parteras, al no reconocer los rituales y la forma de acompañamiento de la mujer embarazada.