Hoja verde
El rostro estructural del sobreendeudamiento en el Pacífico Sur
El perfil del deudor mexicano en 2025 evidencia un proceso de sobreendeudamiento estructural que responde menos a decisiones discrecionales de consumo y más a la insuficiencia de ingresos, la baja educación financiera y el uso del crédito como mecanismo de subsistencia.
A nivel nacional, la deuda promedio por persona supera los 193 mil pesos, con un incremento anual de 6.3 por ciento, en un contexto donde 72 por ciento de los deudores gasta sistemáticamente más de lo que percibe.
Este fenómeno se intensifica con la edad. Si bien el mayor número de deudores se concentra en el grupo de 31 a 35 años —con un saldo promedio de 175 mil 195 pesos—, el mayor monto de endeudamiento corresponde a la población de 66 años y más, donde la deuda promedio supera los 292 mil pesos, reflejando una acumulación intergeneracional de pasivos y una limitada capacidad de ahorro previsional.
En contraste, los jóvenes de 21 a 25 años inician su vida crediticia con adeudos cercanos a los 79 mil pesos, lo que anticipa trayectorias financieras frágiles desde edades tempranas.
Las principales causas del endeudamiento incluyen deficiente administración financiera, ausencia de presupuestos familiares, uso recurrente de tarjetas de crédito y préstamos para cubrir gastos básicos, así como condiciones de financiamiento adversas. En particular, las altas tasas de interés de productos bancarios, con Costos Anuales Totales (CAT) que superan el 60 por ciento en algunas instituciones, profundizan el riesgo de impago y la espiral de deuda.
Este patrón nacional adquiere rasgos más críticos en la Región Pacífico Sur, donde el perfil del deudor está profundamente condicionado por una débil inclusión financiera, alta informalidad laboral y persistentes niveles de pobreza multidimensional. En estas entidades, el crédito no cumple una función de inversión o movilidad social, sino que opera como mecanismo de supervivencia ante ingresos inestables y carencias estructurales.
En conjunto, el perfil del deudor en la Región Pacífico Sur revela que el sobreendeudamiento no es únicamente un problema de comportamiento financiero individual, sino el resultado de fallas estructurales en el mercado laboral, la inclusión financiera y la política social.
En Chiapas, se estima que al inicio de 2026 seis de cada diez familias comenzarán el año con algún tipo de deuda bancaria o financiera. El endeudamiento se concentra en la cobertura de servicios básicos (alimentos, electricidad, agua) y en créditos otorgados por tiendas departamentales y financieras privadas, generalmente con condiciones menos favorables. La dependencia del crédito para sostener el consumo básico refleja la desconexión entre el sistema financiero formal y la realidad socioeconómica local. Este escenario se ve agravado por el aumento histórico de la cartera vencida nacional de créditos al consumo, que superó los 53 mil millones de pesos entre el cierre de 2024 y el inicio de 2025, reduciendo aún más la capacidad de pago de los hogares chiapanecos.
En Guerrero, el endeudamiento de los hogares se desarrolla en un contexto de alta inestabilidad laboral y restricciones fiscales. Líderes locales han calificado 2026 como un año “crítico” debido a recortes presupuestales federales y la falta de recursos etiquetados para infraestructura, lo que limita la generación de empleo y profundiza la precariedad. El perfil del deudor guerrerense en 2025 se caracteriza por una dependencia significativa de créditos de consumo y préstamos de corto plazo, consolidando un escenario de estrés financiero colectivo, donde las deudas se tornan impagables ante la volatilidad de los ingresos.
En Michoacán, la situación financiera presenta una dualidad estructural. Por un lado, se observa una mejora en los ingresos laborales formales y un incremento histórico del salario diario promedio; por otro, entre 34.3 y 41.7 por ciento de la población permanece en situación de pobreza multidimensional, superando el promedio nacional. Esta brecha explica por qué una parte relevante de los hogares recurre al crédito bancario para solventar gastos básicos, enfrentando problemas de liquidez y presiones para liquidar deuda de corto plazo hacia 2027, pese a los avances macroeconómicos.
Finalmente, en Oaxaca, el panorama combina crecimiento económico estatal con persistente informalidad laboral y pobreza laboral. Aunque el ingreso laboral per cápita ha mostrado una tendencia creciente, una proporción significativa de la población ocupada no logra cubrir la canasta alimentaria, lo que limita el acceso al crédito formal y empuja a los hogares hacia esquemas de financiamientos costosos e informales.
La persistente informalidad, los ingresos insuficientes y el acceso desigual a productos financieros adecuados convierten al crédito en un sustituto del ingreso, profundizando la vulnerabilidad económica de los hogares y limitando sus posibilidades de recuperación financiera en el mediano plazo.
El que pide prestado pide un dolor, diría la abuela.
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Fuentes
Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024, aplicada por el INEGI y la CNBV
Perfil del deudor mexicano 2025, Bravo. Empresa financiera.