Después del paro

La trascendencia de esta nueva  oleada feminista en el país debe aterrizar en la instrumentación de políticas de género que realmente se enfoquen en reducir problemas sociales relacionados con las desigualdades de género, tales como: la escasa presencia de las mujeres en la construcción de la ciencia, las brechas salariales entre hombres y mujeres, el reducido número de mujeres que ocupan altos cargos en la política mexicana y los altos índices de violencia hacia las mujeres.

Tomar al Movimiento Feminista como arena de enfrentamientos políticos complicará, aún más, la lucha de las mujeres por tener una vida libre de violencia. Y, por desgracia, este es el escenario que está ganando terreno.

Todos los partidos terminan por buscar la rentabilidad de los movimientos sociales asumiéndolos como un instrumento de la lucha política y no como una estrategia.

¡Claro que está la derecha metida!, los conservadores, así como hay mujeres que por convicción y de manera libre protestan y lo seguirán haciendo, así también hay oportunistas, es parte de la lucha por el poder.

El presidente López Obrador acusa la existencia de una manipulación de las protestas feministas. Hay argumentos para sostener la afirmación: el PAN y el PRI se unieron para votar en al menos 17 estados de la República leyes antiaborto, mismas que tienen a mujeres condenadas a más de 20 años de prisión por abortos, provocados o espontáneos. Ambos partidos pretenden que se olvide que transaron con los derechos de las mujeres para obtener acuerdos políticos más redituables para ellos.

Pero el movimiento feminista que agita a México no surgió de manera espontánea, tiene décadas de tradición en el país. Las feministas luchan, desde hace siglos, por cambiar toda una cultura, caracterizada por el machismo y la misoginia, por cambiar la forma en que se concibe a las mujeres como seres de segunda, subordinadas a los hombres y sus intereses y por lograr el reconocimiento de sus derechos en todos los ámbitos del quehacer humano, así como por una vida libre de todo tipo de violencias machistas.

A los asesores del Presidente, les ha faltado capacidad de análisis para hacer diagnósticos adecuados de la realidad sociopolítica mexicana. Tan es así que, buscando un control de daños a la imagen del mandatario de la 4T, se apresuraron a ofrecer adecuaciones al marco legal por la violencia contra las mujeres.

Más aún, las soluciones al problema serán complejas puesto que requieren atender las fallas y debilidades del sistema de justicia y de la estrategia de seguridad.

Incrementar la pena para el feminicidio, como lo aprobó la Cámara de Diputados y se envió al Senado, incidirá poco en reducir estos crímenes. La severidad de la sanción no tiene ningún efecto disuasivo cuando la probabilidad de recibirla es bajísima.

En México solo 1.3 de cada 100 delitos se resuelven. Esto muestra la ineficacia de nuestro sistema de justicia. Y las mujeres han enfrentado un contexto mucho más difícil e injusto cuando buscan ayuda de las autoridades.

Por eso lo que debe ocuparnos es evitar la realización de las marchas y los paros de trabajo sin que nada suceda. El gobierno, con todos sus integrantes, es el primer responsable, pero los padres de familia, los patrones empresariales, los directores de instituciones educativas, los maestros, los líderes sindicales, los jefes de organizaciones sociales, los políticos, las Fuerzas Armadas y los líderes religiosos, y todos los demás hombres con posiciones de decisión, debemos asumir nuestra responsabilidad para trabajar en beneficio de las mujeres.

Las y los mexicanos queremos vivir en paz, queremos oportunidades reales para prosperar. Es momento de terminar con los discursos en los que se empatiza poco y se justifica mucho.

Es momento de que el Gobierno aproveche la indignación generalizada para encontrar una brújula que guíe la transformación de este país hacia buen puerto, en donde las mujeres y nuestras familias nos sintamos seguras.

La politización del paro y el debate en torno a una presumible manipulación envuelve al Movimiento Feminista y los diversos feminismos que lo componen, así como a las demandas legítimas de las mujeres en México y puede terminar por dejar fuera lo esencial.

El oportunista mira los acontecimientos desde su esquina, con el rostro vuelto hacia la pared para no ver lo que no quiere, diría la abuela.