Levantar cortinas pesadas

El próximo miércoles, el gobierno federal dará a conocer la estrategia para la reapertura del sector turístico en México y sería importante si Guerrero queda considerada como una de las entidades en las que se podrían reanudar  las actividades aunque de manera paulatina.

Los efectos ocasionados por la pandemia de coronavirus en el turismo nacional no tienen precedente en el país.

Ni aun comparándole con la crisis financiera de 1994 o los fenómenos naturales, los efectos tan devastadores como los que está ocasionando la actual crisis sanitaria en la industria turística, resultan equiparables en proporción alguna.

La propagación del coronavirus Covid 19 en el sector turístico de México ya ocasionó el cierre de 262 hoteles (unas 52 mil 400 habitaciones), dos mil  restaurantes y más del 40 por ciento de la operación de las aerolíneas, enfrentando pérdidas de al menos 30 mil millones de pesos en ingresos en el sector aéreo.

México es potencia en turismo, es la séptima nación más importante en este rubro y la primera en América Latina.

Hasta diciembre pasado, el sector turístico en México empleaba a más de 4.3 millones de personas, aunque la cifra puede alcanzar 10 millones si se consideran los empleos indirectos.

En 2019, México captó 24 mil 562.6 millones de dólares por más de 45 millones de visitantes extranjeros de más de 150 naciones en el año, cantidad superior a las divisas generadas por la venta de petróleo (22 mil 552 millones), y por debajo de los envíos de remesas (36 mil millones). Estiman pérdidas de al menos 2 mil 400 millones de dólares.

A nivel nacional el turismo y servicios recreativos representan aproximadamente tres puntos porcentuales del PIB, pero en algunos estados son clave para la economía local. Uno de ellos es Guerrero

Las afectaciones derivadas de la emergencia sanitaria en Acapulco e Ixtapa-Zihuatanejo se adelantaron a la Jornada Nacional de la Sana Distancia, el pasado 23 de marzo, y sus efectos alcanzan a miles de personas y negocios, ya sean prestadores de servicios de playa, comerciantes ambulantes, vendedoras de comida, pequeños empresarios, transportistas, embarcaciones de recreo, restaurantes, hoteles y establecimientos de diversos giros.

En Acapulco, 98 mil trabajadores, de aproximadamente 176 mil que laboran en diversas empresas, fueron dados de baja en el estado hace una semana y han cerrado 570 establecimientos. Propietarios de yates del Paseo del Pescador, en la zona tradicional, advirtieron que las 20 empresas que prestan este servicio están prácticamente en quiebra, pues la contingencia ha ocasionado la cancelación de todas las salidas programadas para las próximas dos semanas. Explicaron que están en riesgo 292 empleos directos y mil 500 indirectos.

En Ixtapa-Zihuatanejo se desplomaron 90 por ciento las ventas en los 110 establecimientos afiliados a la Canirac, de los cuales 10 por ciento ya cerraron. Otros hacen esfuerzos por no despedir trabajadores con medidas como horarios escalonados, pero muchos podrían sobrevivir así solamente 15 días más, por lo que existe incertidumbre entre las alrededor de 3 mil familias que dependen de establecimientos de la industria restaurantera en este municipio.

Guerrero colinda con entidades que tienen niveles altos de contagio y su principal afluencia de paseantes proviene del Valle de México. Los criterios de reapertura económica limitan las posibilidades de nuestra entidad.

Los dirigentes de este sector, al igual que de otros, reiteraron la petición al gobierno federal de aplicar medidas para aminorar los efectos que pesarán sobre la industria turística.

Las demandas del sector privado en general son las mismas: Prórroga de seis meses en las declaraciones anuales de personas morales y de personas físicas con actividad empresarial; prórroga en la presentación de pagos provisionales tanto de IVA como de ISR y retenciones; prórroga del pago de contribuciones sociales IMSS e INFONAVIT y no incrementos en las tarifas de energéticos (agua luz y combustible) para los siguientes 24 meses.

El ramo en cuestión adicionó: Dar prioridad y enfocar recursos federales de apoyo hacia estados turísticos; hallar sectores relacionados para una segunda etapa de medidas económicas; Considerar descuentos en el pago de impuestos sobre hospedaje e impuestos sobre la nómina, especialmente a micro, pequeñas y medianas empresas.

Pero el punto crítico es la carencia de liquidez está generalizada y es el principal obstáculo para responder afirmativamente a al planteamiento empresarial. En México, los recursos fiscales disponibles son limitados. Prescindir de los ingresos, así temporalmente, reduce aún más la capacidad de respuesta del gobierno federal. Por lo tanto es necesario utilizarlos de manera estratégica.

Al ofrecer programas de apoyo y estímulos fiscales a estos sectores es posible frenar el efecto en cadena hacia sus empleados, proveedores y bancos, pero debe establecerse un equilibrio con la demanda de inversión y fortalecimiento del sector salud.  Además, es importante que algunos programas de apoyo sean dirigidos específicamente a trabajadores del sector de servicios.

En este escenario, los estados más vulnerables son aquellos en los que las actividades turísticas y recreativas representan más del 10 por ciento del producto interno bruto (PIB) estatal.

Implementar medidas oportunas para proteger los ingresos de familias y empresas del sector de servicios debe ser una acción conjunta y no exclusiva del gobierno federal. Es importante replantear el modelo de desarrollo. Desde enero de este año, se hicieron proyecciones del impacto negativo del coronavirus en las economías mundial y nacional pero fueron desestimados. Además, el daño que ya se ha registrado es muy superior a lo que se pudo prever, pero aún no se ha llegado al fondo. Las economías están infectadas de coronavirus y los respiradores disponibles no alcanzan para la cantidad de enfermos.

Ha chispeado pero no ha llovido, diría la abuela.