Agua corriendo

Corrupción e ineficiencia no son lo mismo, pero convergen en el origen, y  igual afectan al usuario de los servicios públicos que frenan la producción de comunidad determinada.

Plantear una solución implica combatir sus causas estructurales, que no son otras que el ejercicio irresponsable del poder y la violación casi sistemática al marco legal que regula el funcionamiento del Estado.

Tal vez por su magnitud, la afectación temporal del tráfico en la avenida Escénica del puerto, volvió a poner, temporalmente, en el centro el desaseo con que se ha conducido la administración de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Acapulco (CAPAMA).

El desperfecto fue en una tubería de 24 pulgadas que abastece a un tanque de almacenamiento desde donde se distribuye en vital liquido a una zona residencial de alto nivel. La fuga levantó el chapopote y con ello otros tramos de la carretera se vieron fracturados y en algunas partes colapsó el asfalto.

La explicación de lo ocurrido fue tan simple que lo redujo a nivel de un incidente: hubo un apagón de energía eléctrica poco antes de las nueve de la mañana que provocó una fuga en una línea de 24 pulgadas que abastece el tanque Banderas.

Pero atrás de estos hechos están la serie de limitaciones que padece el organismo debido al quebranto de su economía lo cual obliga a desatender el mantenimiento de la infraestructura y con ello se pone el riesgo en el abastecimiento de agua a los ciudadanos.

Desde 2016 se vieron haciendo denuncias sobre la red de corrupción que está sangrando al organismo y como en todos los casos en que se denuncia este mal, todo queda en un linchamiento mediático y no se instrumentan soluciones, mucho menos se repara el daño ni se aplican las sanciones de rigor.

En el caso más reciente, el presidente municipal se lavó las manos diciendo que el director de CAPAMA ya estaba cuando asumió sus funciones como alcalde, pero el munícipe pasa por alto que la presidencia del consejo administrativo la tiene el presidente municipal en turno y nada hizo por corregir las fallas.

La renuncia con carácter de irrevocable de Javier Chona a la dirección de la CAPAMA, fue la respuesta del Ayuntamiento a la denuncia penal que se interpuso por usurpación de profesión y no ha pasado más.

El organismo operador de agua en Acapulco tradicionalmente ha sido la caja chica de los diferentes gobiernos. En otro momento por decreto gubernamental se le convirtió en constructor de obras urbanas de interés social, lo cual terminó por perfeccionar el error.

Aun cuando existe una ley que obliga que el organismo en cuestión tenga una dirección técnica, pasa a ser letra muerta por voluntad de los mandatarios… y del congreso local que en este momento están más interesados en las campañas electorales que en la vida legislativa de la entidad.

En resumen, el socavón de la Escénica concluyó en un hecho fortuito. Grandes titulares pero reacción desinteresada. En el mejor de los casos se atribuye a una mala gestión administrativa con lo cual se oculta la corrupción y aun bajo este supuesto, los actos de ineficiencia enfadan a los ciudadanos que cada día tienen que soportarlos.

Las autoridades resultan omisas al hecho de que los estragos provocados por la ineficiencia municipal, estatal o de una OPD, medidos en términos estrictamente económicos, podrían ser todavía más graves.