El otro mapa

Los esfuerzos por generar una imagen para mostrar que la inseguridad y la violencia en Guerrero tienen impactos mínimos, se estrellan irremediablemente con la realidad. La violencia no cede y en el entorno surgen nueva complicaciones.

Durante el transcurso de la semana, el gobierno del estado entregó al instituto electoral, partidos y candidatos un mapa de riesgos para que se tomen las previsiones necesarias durante las giras en busca del voto y para el despliegue necesario de la infraestructura para recibir los sufragios.

La iniciativa gubernamental es válida pero cubre solo una parte del problema.

Hace falta un mapa de riesgos con un panorama más amplio y con visión de futuro. Las delimitaciones geográficas que se establecen en función del número de asesinatos y sus características son solo una parte.

Pues todo mapa de riesgos debe servir para plantear los verdaderos problemas que se enfrentaran en el presente y en el futuro. Las tareas de prevención pueden ayudar a solventar los problemas que surjan en un futuro o, por lo menos, disminuir el impacto negativo.

En los próximos comicios habrán de elegirse autoridades de los tres niveles de gobierno cuyo quehacer político obliga a ver más allá de las zonas geográficas donde se viven la inseguridad y la violencia sino las implicaciones que esta tiene y los métodos para reducir dichos impactos.

Los riesgos de los cuales hablamos, provienen de un estado de derecho quebrantado. Las leyes pierden vigencia y las autoridades se muestran cada vez más frágiles para  poder aplicarlas. Escenarios de ingobernabilidad son admisibles menos aun cuando se está en la víspera de ir a las urnas.

Cuando se suman un estado de derecho débil y una fuerte tendencia a la ingobernabilidad, se inhibe la inversión productiva, lo que repercute en menores empleos, menores impuestos y mayor pobreza.

Expresiones de pobreza dramáticas, normalmente terminan en estallidos sociales. En un caso menos extremo, en problemas de salud pública que amenazan la vida de los habitantes.

Pero hay otros factores que impactan negativamente a la actividad económica: el contexto de inseguridad y conflictos sociales que rodea a ciertos segmentos productivos de la entidad. La explotación minera, la forestal, ciertas actividades agropecuarias son asediadas por razones ideológicas, y por pretensiones de rapiña por parte de los grupos de la delincuencia organizada.

La necesidad de desarrollar una infraestructura adecuada para el desarrollo de las actividades productivas constituye otro de los segmentos.

La educación no solo en los términos de gratuidad y generalizada sino también del tipo de profesionistas que la entidad requiere. Vinculación con las necesidades sociales y empresariales. Lo anterior exige un mayor compromiso de los educadores y modificar los entornos socioculturales de los educandos.

La generación de los servicios estratégicos es un vector más. A mediano plazo habría que disponer de una mayor cantidad de fluido eléctrico, de agua, y otros energéticos como gas y gasolina. Es prácticamente imposible producir cuando existen severas limitaciones sobre dichos insumos.

Todos estos componentes de la visión general del estado, más otros que faltaron por mencionar, se han visto modificados por factores como la inseguridad pública, la violencia y la corrupción  y conforman el otro mapa de riesgos que las autoridades y actores políticos también deberían recibir. Se trata de la viabilidad de Guerrero. Como diría la abuela: “Los Generales sin combatientes, no ganan las guerras”.