Inicio de año en el sur

Cada inicio de un nuevo alberga lo mismo esperanzas que visualización de riesgos. El arranque de este 2019 viene bajo el signo de la Cuarta Transformación, que plantea una serie de cambios profundos en los políticos, económicos y sociales del país y de nuestra entidad.

Se trata de cambios estructurales tan importantes como los que ocurrieron durante el periodo de Carlos Salinas de Gortari a partir del neoliberalismo como modelo de desarrollo.

Aunque se supone que las acciones que pretende AMLO durante su gobierno tendrán repercusión nacional, cada gobierno local emanado de Morena, tendrá su propia responsabilidad en cuanto a las transformaciones.

En Guerrero, la gubernatura continúa en manos del PRI. Es en el Congreso del Estado donde la fuerza de Morena tendría que empujar hacia modificaciones sustanciales en el marco legal de la entidad.

La batalla por el presupuesto  que se vivió en los primeros días del año dejan de manifiesto que:

La bancada de Morena no supo comunicar con claridad sus argumentos e intenciones al detener la iniciativa presupuestal. Se posicionó la imagen  de un sabotaje al mandatario y un móvil fincado en la ambición personal del delegado del gobierno federal morenista.

Motivos políticos, en el mejor de los casos pero no financieros que es el primer criterio al que debe atenderse en esta materia, muy en especial ahora que el gobierno de López Obrador trae una visión regional diferente.

Si hubo causa político financiera, no fue expresada por la bancada de Morena.

Al inicio del 2000, el Congreso de la Unión definió como macro región la Sur-sureste. Con ello soslayó la que tenía el Colegio de México, de una región sur integrada por las tres entidades más pobres del país (Guerrero, Oaxaca y Chiapas).

La región sursureste en AMLO es solo discursiva. En realidad dejó en el sur a Guerrero y Oaxaca en tanto que la inversión más cuantiosa sería el sureste.

La posibilidad del tren trans-ítsmico está en función de la región sureste. A simple vista el sur pierde atractivo como opción de inversión y tanto Guerrero como Oaxaca, en su porción no ístmica, quedarían más anclado al turismo.

Si tomamos en cuenta las últimas decisiones que se han tomado en esta materia, se impulsará un turismo muy diferente al de sol playa y arena, lo que podría afectar a Acapulco, Zihuatanejo y Huatulco.

El problema estructural es que no se trata solo de derramar dinero en la región sur, se trata de reconfigurar su economía y este es un factor poco mencionado.

No se puede ofertar a Guerrero y Oaxaca como opción de inversión cuando el entorno de inseguridad pública es cada más grave.

Durante el 2018 Acapulco y Juchitán figuraron en la lista de los diez municipios más peligrosos del país.

La violencia en el campo de la región sur no es producto del clima ni de factores sicológicos, sino consecuencia del repliegue agropecuario del Estado desde los años setenta y de cacicazgos políticos y criminales.

La reconstrucción de los tejidos sociales y políticos pasa por políticas públicas de desarrollo. La crisis de seguridad en el sur sobre todo Guerrero y Oaxaca– comenzó en los ochenta del siglo pasado cuando el Estado disminuyó su política de apoyo a la producción agropecuaria y los narcos llegaron a sustituir al Estado.

La bancada morenista del Congreso del Estado tiene los ojos puestos en otros lados y es muy simplista con respecto a la cuarta transformación que debe ocurrirá en la entidad.

Moverse de lugar no significa cambiar, diría la abuela.