Los pendientes a cinco años

En aproximadamente diez días, se cumplirán cinco años de los hechos que se ha nombrado como la Noche de Iguala. La pregunta aún irresuelta sobre el destino de los jóvenes ha convertido el caso en “un símbolo de las decenas de miles de inocentes que también han desaparecido” en los últimos años en México, con investigaciones atascadas por la complicidad penal y la corrupción por todos los niveles del gobierno.

Dato tras dato que ha surgido a lo largo de dicho periodo refleja  esta historia de irregularidades, sospechas de encubrimiento y heridas abiertas.

Un tercio de los implicados en la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa ha sido liberado debido a que los jueces han desestimado 63 de las 107 pruebas que acreditaban delincuencia organizada y secuestro en el caso. Al menos otros 50 sospechosos podrían quedar en libertad en cuestión de meses.

El Caso Iguala se politizó desde un principio. Marcó el punto para demandar el regreso de las fuerzas armadas a sus cuarteles y quitarlos de labores, de seguridad pública.

La demanda evidenció un trasfondo político pues en estricto sentido, el ejército no hace labores de seguridad pública sino de seguridad interior amparadas por la Constitución por casos que amenazan la seguridad nacional. El trasfondo del asunto es más sencillo: al retirar a las fuerzas armadas de tareas de seguridad interior contra el crimen organizado trasnacional que surte de droga a los consumidores de EE.UU., el territorio nacional queda a merced de esos grupos criminales que han rebasado, comprado y sometido a fuerzas de seguridad municipales, estatales y federales, y funcionarios de todos los niveles. Representaría la entrega de las plazas a los cárteles del crimen organizado.

Y en ese momento, México tendría que llegar al punto de legalizar el consumo de drogas que ya se hizo en EU. Bajo este supuesto, una fuerza local capaz de combatir al crimen trasnacional, entonces las policías y fuerzas armadas estadunidenses tendrían que arribar a México a proteger a sus connacionales y combatir a narcos que hasta ahora controlan la venta de droga al menudeo, de acuerdo con datos de la Casa Blanca, en tres mil ciudades de EE.UU.

Esto fue planteado por Donald Trump durante la administración de Enrique Peña Nieto y en el caso López Obrador se disfrazó con la problemática de la inmigración.

A mediados de 2018,  en Chicago, Illinois, se anunció la creación de un grupo especializado con agentes de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) y la Procuraduría General de la República (PGR) para “combatir” desde ese estado de la Unión Americana a los cárteles mexicanos del narcotráfico y a las pandillas de esa ciudad.

Sobre el caso de Ayotzinapa “Cualquier información que tenemos la vamos a compartir de un lado a otro, como un puente. Vamos a abordar todo, estamos investigando todo”.

Matthew G. Donahue, director de la DEA para Norteamérica y Centroamérica únicamente reconoció que es “una investigación actualmente activa”, y rechazó dar más detalles.

Fue hasta octubre de ese año, la DEA entregó al gobierno de México carpetas de información entre las que se incluyeron los mensajes de texto que revelaron cómo “Silver” -otro de los jefes de Guerreros Unidos y un testigo protegido del gobierno estadounidense -Pablo Vega, uno de los líderes del cártel-, supuestamente dirigieron desde Chicago los ataques en Iguala la noche del 26 de septiembre de 2014, cuando de acuerdo con la versión de la PGR los GU en Iguala confundieron a los normalistas con integrantes del cártel “Los Rojos”, rivales de GU en Iguala.

La DEA habría conseguido esta información desde que intervino los teléfonos de líderes de Guerreros Unidos en el área de Chicago en 2014. Tardó casi cuatro años en entregarla por burocratismo o manera deliberada, acentuando el desgaste de del gobierno de entonces.

Hay quienes ostentaron cargos de autoridad en ese momento y hoy se desentienden y evaden haciendo recaer la responsabilidad en terceros, cuando en realidad están en la búsqueda de una rentabilidad electoral a partir de ese hecho sangriento

Para alcanzar una verdad, es importante dudar a tiempo, diría la abuela.