Para saber y entenderlas

¿Quieren saber el meollo del entuerto principal que indigna y lastima a las mujeres mexicanas? ¿Cuál es la clave para entender las causas y motivos que sustentan la furia de su movimiento, particularmente de la manifestación del pasado domingo en la Ciudad de México? ¿Qué fuerza llevó a las calles la protesta habitual de las redes sociales?

Pregunto, porque fue obvio que la inusual movilización femenina provocó en muchos hombres, y algunas mujeres, debates, discusiones y alegatos confusos, ambivalentes, contradictorios y polarizados.

Pregunto, porque me parece que muchos no saben el verdadero tamaño del problema, ni viven lo que muchas, casi todas, han sufrido en carne propia.

Entonces, si no me equivoco y dudan, si de veras quieren saber y entender, les sugiero algo muy sencillo.

Pregúntenle a su mamá, a su esposa, a su hija, a su novia, a su mejor amiga, a la vecina, a casi cualquier mujer: ¿cuántas veces han sido víctimas de violencia física o verbal de algún hombre en lugares públicos, en la calle, el camión, en el metro, en la oficina, en el trabajo, en el colegio?

Pregúntenles si en esas ocasiones, ¿algún hombre las defendió, reclamó al agresor, o exigió la intervención de la policía?

Es todo. Ellas disiparán todas tus dudas, porque sus respuestas serán muy claras y concretas.

Aunque las cifras y los datos sobre violencia y acoso sexual contra las mujeres son escalofriantes (México es de los países con niveles más altos de violencia de género en Latinoamérica, y 46 por ciento de las mujeres en el país admiten haber sido víctimas de acoso sexual), los testimonios que escuchamos de las mujeres en nuestro entorno cimbran más por cercanos y directos, confirman una realidad tan dramática como dolorosa: el fenómeno está normalizado por hombres y mujeres. Las mujeres no lo denuncian, los testigos no intervienen y la policía no lo toma en serio.

Al menos la mitad de las mujeres que conozco y amo, han sido víctimas de agresiones físicas y verbales dos o más veces, afortunadamente ninguna fatal, pero todas cobardes, abusivas, humillantes y terriblemente escandalosas.

Si no lo han hecho, pregúntenles, y luego pregúntense lo que harían en su lugar. Entonces sabrán y entenderán.

Advierto, sin embargo, que cuando las escuchen, si son mínimamente empáticos y solidarios, se sentirán avergonzados, culpables o cómplices por comisión u omisión.

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