Labores de conserjería

Carta de un ciudadano común y corriente -más corriente que común- a las alcaldesas entrantes de Acapulco y Chilpancingo.

Estimadas:

Dicen bien que nadie escarmienta en cabeza ajena, pero ojalá ustedes sean capaces de entender algo que quienes les precedieron, no.

Y es esto:

Por más feo que suene o parezca, fueron elegidas para hacer labores de conserjería.

Resultaron electas, entre muchos aspirantes para ser conserjes del condominio municipal.

Yo sé que suena feo, a poca cosa, pero no lo es. No en balde, otros 50 o 60 fulanos buscaban el mismo puesto.

Sé también que es más bello y tentador dejarse seducir por el membrete aquel de: ¡Bienvenida, señora Presidenta Municipal!, en medio del griterío y el tumulto, como ocurre en las campañas.

Pero ahora, su realidad es otra.

No sé qué les ofrecieron o prometieron sus partidos a la hora de los registros, pero los ciudadanos, lo que queremos es lo que aquí les digo:

Después de tantas promesas incumplidas, expectativas frustradas y desencanto, no somos tan exigentes. Nos damos por bien servidos (al menos yo), si resultan buenas como jefas de la conserjería.

Una chamba digna y que requiere un gran perfil. Un buen conserje debe:

●  Conocer las leyes de copropiedad. Todas.

●  Mantener limpios los espacios comunes.

●  Vigilar la recolección de basura.

●  Ser responsable de la seguridad del edificio.

●  De que los trabajadores cumplan con sus deberes.

●  De que las instalaciones funcionen.

●  De reaccionar ante eventualidades, como rotura de cañerías, desagües,

cortes de energía, incendios o terremotos.

●  De atender a los condóminos, sus necesidades y problemas.

●  Y por si fuera poco, debe hacerse cargo de la parte administrativa.

●  Rendir cuentas claras en los tiempos acordados.

●  Y manejar los recursos de forma transparente y honesta.

Básicamente, lo mismo queremos que ustedes hagan, pero en el condominio en donde vivimos todos sus electores.

Nada más, pero nada menos.

Sí, sé que parece difícil, pero tómenlo por el lado amable.

Es tal el cochinero que reciben de sus antecesores, que la gente ya no espera nada extraordinario.

Nos basta con que pongan orden, con que atiendan la normalidad, lo cotidiano.

Con que haya servicios públicos dignos y actitudes sensatas de parte de ustedes y sus colaboradores.

Olvídense de las grandes obras o de construirle “una nueva cara” a la ciudad, con que atiendan la que ya tenemos es suficiente.

Tómenlo con calma, pero con mucha responsabilidad.
En ustedes están no solo las esperanzas y desesperanzas de la gente.

Sino también las convicciones de mujeres que como ustedes, buscan demostrar que las cosas pueden ser distintas con una equidad política fidedigna.

Y los odios y prejuicios de muchos que soterrada o abiertamente les están deseando el fracaso, solo para regresar a los añejos feudos, a los rancios cacicazgos, en que todo se dirigía de manera piramidal. Y patriarcal.

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